Así nació, hace 91 años, el Día de la Madre

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Día de la Madre. Fecha en que —gracias a la apabullante publicidad comercial— cientos de miles de mujeres salen, por única vez en el año, a comer en un restaurante y todo mexicano se siente obligado a demostrar su amor filial gastando la mayor cantidad posible de dinero en un regalo para “la santa mujer que lo trajo al mundo”.

Por Juan José Morales

Tan arraigada está esa celebración, que mucha gente ignora que nació hace 91 años, en 1922, como parte de una virulenta campaña contra el entonces gobernador de Yucatán Felipe Carrillo Puerto y que su objetivo era impedir a las mujeres tener acceso a los entonces limitados y primitivos métodos de planificación familiar.

Así nos lo recuerda la escritora y periodista Marta Acevedo en su libro El Diez de Mayo, del cual está en circulación una reciente edición publicada en Mérida por la editorial Unas Letras, que dirige Eugenia Montalván Colón, y ampliada y enriquecida respecto a la primera —aparecida hace 31 años— con información e imágenes provenientes del Centro de Apoyo a la Investigación Histórica de Yucatán, el Archivo General del Estado y la Hemeroteca Carlos R. Menéndez.

Fue, dice Marta, el entonces director de Excélsior, Rafael Alducín, quien lanzó la iniciativa de que se copiara en todo México la costumbre norteamericana de festejar a las madres el 10 de mayo. Pero su idea no fue espontánea ni desinteresada sino parte de un esfuerzo por evitar que circulara en Yucatán el folleto titulado La limitación de la familia o La brújula del hogar, de Margaret Sanger (en la foto), enfermera norteamericana, feminista destacada, defensora de los derechos de la mujer y fundadora en 1916 de la primera clínica de planificación familiar que hubo en Estados Unidos, lo cual le valió ser encarcelada siete veces, ya que en esa época existía la llamada Ley Comstock que calificaba de material “obsceno”, equivalente a pornografía, toda información sobre control natal.

La publicación y distribución del folleto en Yucatán en 1922 —sin que se sepa quienes lo promovieron— y la buena acogida que recibió por parte de las ligas feministas y el gobierno de Carrillo Puerto, desató las iras de los Caballeros de Colón. La Liga de Acción Social y otros grupos conservadores y de la Iglesia, que lo tacharon de inmoral, criminal, insolente y obsceno, y de “sacrilegio que tiende a exterminar la especie humana”.

La iniciativa de hacer del 10 de mayo el día de la madre fue parte de esa campaña por lograr que se prohibiera la circulación del folleto, campaña que —dicho sea de paso— no logró tal objetivo pero sí obligó a la renuncia del presidente del Consejo de Educación Pública de Yucatán, el destacado educador Prof. José de la Luz Mena, contra quien se enfilaron las baterías de los grupos reaccionarios aunque no tuvo arte ni parte en la edición.

Pero la idea de instaurar esa celebración no fue puramente ideológica. Desde un principio tuvo el sello del mercantilismo, y Excélsior la aprovechó para incrementar sus ingresos por publicidad. A la par que se deshacía en melcochosas consideraciones sobre “el noble y alto ejercicio de las funciones de la maternidad”, “la noble mujer que nos dio el ser”, y “las santas y abnegadas mujeres que han contribuido a la prolongación de la familia mexicana”, el diario cosechaba dinero con anuncios como el que se reproduce a continuación:

“Para el Día de las Madres ocurra usted a La Flor de México, donde encontrará un bonito regalo para su adorada madre. Primorosas cajas de fantasía. Ricos y suculentos pasteles. Lo esperamos en la esquina de Capuchinas y Bolívar.”

Y para estimular el consumismo y la comercialización de la nueva fiesta, y los lectores no tuvieran qué preocuparse sobre cómo “agasajar en esta fecha a la autora de sus días”, el propio periódico se encargó de publicar una lista de sugerencias de regalos. Por ejemplo, un reloj pulsera, un fino corte de seda, un juego de the (sic), un par de calzado, un sombrero de moda, una sombrilla de seda, una hermosa vajilla, un fonógrafo nuevo, un vestido moderno, un frasco de perfume, un par de guantes, una alhaja valiosa, una caja de medias, un corset confortable, un juego de manicure, un estuche de bombones, un impermeable de gabardina, una batería de cocina, un candil eléctrico, unos gemelos para teatro, un surtido de lencería… y así por el estilo.
Ese es, pues, el origen del Día de la Madre, que —repetimos— no fue producto de una noble idea sino parte de una campaña reaccionaria contra Carrillo Puerto, un esfuerzo por limitar los derechos de la mujer y una forma de explotar los sentimientos de la gente para incrementar las ventas.
Comentarios: kixpachoch@yahoo.com.mx

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