Saqueo arqueológico… Los ladrones de nuestra historia

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Abiertamente, sin tapujos, y pese a los acuerdos internacionales para impedirlo, en los países más ricos continúa comerciándose con nuestra historia, convertida en una simple mercancía para deleite de multimillonarios. El pasado domingo 24 se publicó en una nota de la agencia France Presse que la famosa casa de subastas Sotheby’s puso a la venta en París cierta cantidad de piezas de arte prehispánico latinoamericanas —mexicanas muchas de ellas— que en las primeras operaciones se vendieron en 13.3 millones de dólares. Y falta por vender todavía la mitad de ellas.

Por Juan José Morales

La subasta —hay que recalcarlo— se realizó pese a que los gobiernos de México y Perú pidieron al de Francia que no se llevara a cabo y pese también a que el gobierno francés ya ratificó, como miembro de la Unesco, la Convención Sobre las Medidas que Deben Adoptarse para Prohibir e Impedir la Importación, la Exportación y la Transferencia de Propiedad Ilícitas de Bienes Culturales.

La convención finalmente es letra muerta, por dos razones. En primero, porque países donde se realiza un activo tráfico de antigüedades y demás bienes culturales del Tercer Mundo, no la han ratificado y por tanto dicen no estar obligados a cumplirla. Tales son los casos de Japón, Gran Bretaña y Estados Unidos. En segundo lugar, porque aún las naciones ricas que han ratificado el tratado —como Francia— eluden su cumplimiento mediante el truco de pedir a los países de origen de piezas arqueológicas o antigüedades de cualquier tipo, demostrar que fueron obtenidas ilícitamente por quienes actualmente las poseen o las ponen a la venta.

En el catálogo de un vendedor norteamericano de piezas arqueológicas puede encontrarse esta botella en forma de mujer sentada, etiquetada en 850 dólares, y una figurilla del dios del maíz a precio de ganga: 650 dólares. Son de origen maya, pero se ha perdido por completo toda información precisa del lugar donde fueron halladas.

Por supuesto, para ello se requiere un largo, costoso y complicado proceso que permita probar plenamente, a satisfacción de un juez, cuándo, dónde, cómo y por quién fueron robados tales objetos. Todo ello resulta extremadamente difícil, por no decir imposible. Por eso pueden venderse abierta y descaradamente piezas arqueológicas sustraídas del patrimonio cultural de México y otros países latinoamericanos, asiáticos y africanos. Se venden, incluso, con certificados de autenticidad expedidos por arqueólogos inescrupulosos a quienes sólo interesa ganarse unos dólares.

Naturalmente, ello ha provocado un saqueo brutal. Sobre todo de pequeños objetos arqueológicos, que son más fáciles de ocultar y con-trabandear. En el caso del área maya, se ha intensificado el robo de figurillas de cerámica, collares, estatuillas, pectorales, aretes, amuletos y otros ornamentos de jade, así como vasos policromados. Todos ellos, por sus reducidas dimensiones, son muchísimo más fáciles de obtener en excavaciones ilegales y sacar del país que los grandes mascarones y las estelas que en una época fueron piezas favoritas de los saqueadores.

No es Sotheby’s, por lo demás, la única empresa que participa en este comercio con piezas arqueológicas y antigüedades que tanto daño causa a las naciones de donde proceden. También lo hacen otras casas de subastas para magnates, como Christie’s, y muchas pequeñas tien-das de antigüedades para gente no tan acaudalada, como Edgar L. Owen y World Wide Store, que incluso ofrecen gangas y rebajas en ciertos artículos. En ellas los precios son sólo de cientos o miles de dólares. Si acaso, decenas de miles, pero no cientos de miles ni millones como en las grandes subastas,

Y si decimos que este saqueo de nuestro pasado daña a las naciones víctimas de él, es porque al ser extraídos clandestinamente de los sitios arqueológicos donde se hallaban, se pierde información sobre el lugar de donde provienen, su posición, ubicación, profundidad y otros muchos datos de incalculable valor para los arqueólogos. En el caso específico de los objetos de jade y los vasos policromados, que usualmente se encuentran como ofrendas en sepulcros, al examinarlos in situ los arqueólogos pueden averiguar mucho acerca del personaje en cuya tumba se encuentran, así como de la época en que vivió. Pero si esa pieza arqueológica aparece en una tienda de antigüedades de Nueva York o París, esa información se pierde totalmente.

Por eso bien puede calificarse de ladrones de nuestra historia a los saqueadores de sitios arqueológicos, los comerciantes que trafican con el producto de eso hurtos y los millonarios que los adquieren.

Comentarios: kixpachoch@yahoo.com.mx

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