Que no lo timen con imágenes del aura

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Hace poco, en un programa cultural de la radio del ayuntamiento de Cancún, escuché a una de las participantes hablar con desbordante entusiasmo de cómo alguien le había fotografiado el aura y de lo asombrosas que eran tales imágenes.

Que la joven en cuestión haya caído redondita en ese engaño, no tiene mayor importancia. Pero que la radioemisora dé por cierto y sin el menor asomo de duda ese viejo timo, ya es otra cosa. Con ello contribuye a que más gente sea víctima de estafadores que utilizan las llamadas imágenes del aura para sacar dinero a los ingenuos y, lo que es peor, poner en riesgo su vida y su salud al confiar en charlatanes que afirman poder usar las tales imágenes para diagnosticar enfermedades, trastornos o estados mentales.

Por Juan José Morales

Al estilo de los astrólogos, los embaucadores que dicen fotografiar e interpretar el aura, afirman poder establecer el carácter de una persona por la forma y colores de la suya. De izquierda a derecha, temperamentos amoroso, artístico y dominante. En realidad, forma y colores son resultado sólo de la intensidad de la descarga eléctrica aplicada al fotografiar al sujeto, y no sólo aparecen alrededor de personas, plantas o animales, sino de cualquier objeto fotografiado con una cámara Kirlian, inclusive tuercas, clavos o monedas.

Antes de continuar, hay que precisar que, según los clarividentes, parasicólogos y demás personajes de similar ralea, el aura es un campo energético que rodea a los seres humanos y demás organismos vivos y que varía según su temperamento, estado de ánimo y de salud. Es invisible para el común de los mortales, pero ellos, los timadores, —y algunas otras pocas personas dotadas de capacidades sobrenaturales— sí pueden verla, a cambio, naturalmente, de cierta cantidad de dinero. Y para que no quede duda de su existencia, también pueden fotografiarla con cierto aparato llamado cámara de Kirlian, que produce unas imágenes muy monas y coloridas.

Pero, como decíamos, se trata de una vulgar engañifa. Las llamadas imágenes del aura se obtienen con ayuda de una lámina conductora de electricidad forrada de material aislante —para que la persona no reciba la descarga eléctrica—, por la cual circula una corriente de muy alto voltaje pero de bajo amperaje, o sea de escasa potencia, generada por un transformador conocido como bobina de Tesla. Entre la lámina y el sujeto se coloca una placa fotográfica. El truco consiste en que, al disparar la cámara y la corriente eléctrica, el aire situado alrededor del objeto —en este caso la persona— se ioniza debido al alto voltaje y adquiere una coloración que puede ser de diversos tonos, desde rojizo hasta azul. Así es como aparece en la imagen fotográfica lo que se dice es la luminosidad del aura.

El fenómeno resulta muy impresionante, pero no tiene nada de extraordinario. Es lo que los físicos denominan efecto corona. A veces puede observarse en las líneas eléctricas de alta tensión —aunque normalmente se instalan en ellas dispositivos para evitarlo— y desde la antigüedad fue conocido por los marinos, que lo llamaron Fuego de San Telmo, pues en tiempo tormentoso, cuando el aire está cargado de electricidad, aparecen en los mástiles lo que parecen ser flamas rojas o azuladas.

Aquí debe señalarse que as descargas eléctricas usadas por los engañabobos para “fotografiar el aura”, aunque pueden ser de 25 mil voltios —la corriente eléctrica casera es de 110—, resultan inofensivas ya que, como decíamos, son de muy bajo amperaje o potencia. Algo así como la electricidad producida por aquellas viejas “máquinas de dar toques” que se usaban en las cantinas.

Y la cámara Kirlian con la que supuestamente se toman imágenes del aura, no tiene nada qué ver con esta superchería. Fue inventada en 1939 por el físico soviético Semion Kirlian y su esposa Valentina después de que, en el curso de unos experimentos con campos electromagnéticos de alto voltaje, se percató de que al recibir una descarga en la mano, apareció en torno a ella una especie de halo luminoso. La cámara la diseñó para registrar la emisión de luz por los átomos y moléculas ionizados. O, para decirlo en otros términos, para registrar el efecto corona que mencionábamos. Pero algún vivales, al ver las fantasmales imágenes, ideó una nueva manera de estafar gente.

Esta es, pues, la verdad sobre las “imágenes del aura”. Allá usted si se deja tomar el pelo y sacar dinero con este cuento.

Comentarios: kixpachoch@yahoo.com.mx

 

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