No echamos perlas a los cerdos

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Como mujer, usuaria de minifaldas desde que tengo memoria y especialmente como periodista me insulta leer una columna como Corte de caja, cuya cabeza rezaba Crystal Tovar, la diputada con la minifalda más corta.

Por Adriana Cópil

El autor, Miguel Ángel Castillo, pretexta la vestimenta de la perredista para descalificar su trabajo en la Cámara de Diputados: reclama que aún no se destaca por sus iniciativas; seguro hay otras 499 propuestas súper novedosas del resto de los legisladores pero no las conocemos. Dice que fue impuesta por la famosa representación plurinominal; ella y 199 más. Le incomoda que no tiene nivel de licenciatura; igualito que otros 16 diputados que declararon ser pasantes o con carrera trunca, 7 tienen estudios de bachillerato y 8 son técnicos. Total 31 personas en la misma condición ocupan una curul.

Peor aún, Crystal Tovar Aragón es una de las 3 mujeres más jóvenes que forman parte de la Cámara de Diputados, tiene 23 años, aún esta estudiando y le gusta ejercitarse.
Cómo se atreve a levantar pasiones en el “sagrado recinto” de San Lázaro: <> señala Castillo en su escrito.
¿Quién convirtió a este hombre en juez moral?
¿Qué autoridad tiene para expresarse de esa manera de la vestimenta de una mujer, diputada o no?
El colmo, un grupo de muchachos ocupan el contenido de dicha columna para crear videos, subirlos a las redes, calificando y ocasionando daño moral a una joven legisladora cuyo único pecado fue sacar de su armario ropa que le gusta y ponérsela para ir a laborar.
Pues bien, para todos esos miembros del sexo masculino cuyo morbo no les permite ver lo que significa para una mujer portar una falda corta, aclaro lo siguiente:
– Dejen de pensar que todo gira en torno a los machines y sus necesidades fisiológicas.
– Somos un género tan libre como ustedes para decidir qué vestir, cómo actuar o en qué trabajar.
– Nuestra indumentaria no limita las capacidades laborales y de raciocinio.
– Cuando las mujeres usamos minifaldas no pensamos en provocar a cuanto varón se cruce por el camino. Resulta que nos vimos al espejo más lindas que de costumbre y pensamos que era un buen momento para lucir nuestras piernas por el placer de hacerlo.
– Aquellas que estamos orgullosas de ser mujeres plenas y no nos arrepentimos de nada como diría la Belli, vestimos para darnos gusto y después quizá a nuestras parejas.
– En ocasiones, importa más lo que opinan las amigas del atuendo que el público masculino.

Así que la próxima vez que veas a una mujer en minifalda no creas que está desesperada porque la abordes; le tomes fotos o video; digas piropos (léperos o no); le propongas un ascenso, matrimonio o llevarla a la cama. No te está buscando, ni siquiera se fija en tu reacción. Tú no eres tan afortunado como para eso.
Nosotras, las que defendemos nuestro legítimo derecho a vestir como deseamos, sin importar el recinto donde estemos, “no les echamos perlas a los cerdos”.

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