El Caminante del Mayab y su fauna

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Una lectora me ha pedido escribir sobre los animales que se mencionan en la conocida canción yucateca Caminante del Mayab, cuya letra —dicho sea de paso— es obra del poeta Antonio Mediz Bolio y su música de Guty Cárdenas.

Por Juan José Morales

Son cuatro los animales que el caminante encuentra en sus andanzas por lo viejos caminos del Mayab: el xtakay, cuyas alas ve arder de tarde, el kokay, del que por la noche percibe el brillo de sus ojos, la paloma azul de triste canto, y el pájaro pujuy, que en la oscuridad nocturna deja escuchar su grito tembloroso.

Por razones de espacio, hoy hablaremos sólo del xtakay y dejaremos para otras ocasiones a los demás.

Al xtakay, que por nombre científico lleva el de Tyrannus melancholicus, se le reconoce fácilmente porque el plumaje del abdomen es de color amarillo, que se torna oliváceo en el pecho, en tanto que el cuello y la cabeza son grises. Y es bastante fácil verlo, tanto por su tamaño relativamente grande —entre 18 y 23 centímetros de largo— como porque habita principalmente terrenos despejados, inclusive zonas urbanas, y pasa gran parte del tiempo perchado en ramas, alambres y otros sitios, a la espera de una posible presa, para lanzarse velozmente sobre ella.

xtakay. Pertenece orden de los paseriformes o aves con forma de gorrión, que comprende la mitad de las especies del mundo, caracterizadas por sus trinos y cantos melodiosos. Por ello se les llama también aves canoras o pájaros cantores. El xtakay en particular se deja oír gran parte del día, e incluso tiene un canto peculiar que emite sólo antes del amanecer.

Pertenece a la extensa familia de los tiránidos —o Tyranidae, para usar el nombre en latín—, que comprende más de 400 especies, exclusivas del continente americano. Usualmente se les conoce como mosqueros o atrapamoscas porque el grueso de su dieta está constituido por insectos voladores, tanto moscas como abejas, libélulas, abejorros, mariposas, escarabajos, termitas y prácticamente cualquier otro bicho que se ponga a su alcance. Caza al acecho, pacientemente ubicado en un cable eléctrico o telefónico, un poste, un árbol seco, una antena o cualquier otro sitio apropiado. En cuanto divisa un insecto, se lanza sobre él, realizando si es necesario ágiles y complicadas maniobras para atraparlo. Una vez que lo logra, vuelve a su apostadero para devorarlo y esperar que aparezca otro.

Abundante y ampliamente distribuido en casi toda Latinoamérica, se le encuentra desde el suroeste de Estados Unidos hasta el centro de Argentina, y desde el nivel del mar hasta 2 500 metros de altitud, sobre todo en las zonas tropicales.

A pesar de su pacífica apariencia, es un ave realmente agresiva. Para defender su territorio —sobre todo en la época de anidación—, no vacila en atacar a picotazos incluso a gavilanes, aguiluchos, milanos y otras grandes aves rapaces que la amenacen. Y lo hace gorjeando ruidosamente para aparentar ser más temible y peligrosa.

Precisamente por su fuerte instinto territorial y la gran fiereza y agresividad con que defiende su territorio, se dio el curioso nombre de tiránidos a los miembros de esta familia. Son como tiranos que no permiten a nadie entrometerse en sus dominios.

A veces, sin embargo, el xtakay es víctima de un singular tipo de parasitismo reproductivo por parte de las hembras del tordo de ojo rojo, Molothrus aenens, las cuales depositan sus huevos subrepticiamente en el nido del xtakay, para que los incube y proteja, e incluso para que alimente a las crías cuando nazcan.

Este es, en fin, el famoso xtakay de la canción.

Comentarios: kixpachoch@yahoo.com.mx

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