Medicamentos: la misma gata pero revolcada

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Mucho se ha criticado a la industria farmacéutica tachándola de monstruo que juega con la salud de la gente, guiada sólo por el afán de lucro. Hay algo —a veces mucho— de exageración en tales ataques, pero no puede negarse que contienen una buena dosis de verdad.

Un artículo recientemente publicado en la revista British Medical Journal ofrece datos muy interesantes al respecto. De los entre 15 y 25 nuevos medicamentos que lanzan cada año al mercado las grandes empresas farmacéuticas en todo el mundo, más de las cuatro quintas partes son sólo variantes de productos que las propias compañías ya comercializaban, y no ofrecen mayores beneficios respecto de ellos. O, para decirlo en términos coloquiales, se trata de la misma gata, nomás que revolcada.

Y por si ello fuera poco, en algunos casos tienen efectos colaterales indeseables que —descubiertos tiempo después— obligan a restringir su empleo e incluso a retirarlos del mercado, como ocurrió —para citar sólo un par de casos recientes— con el analgésico Vioxx y el antidiabético Avandia. Señala el estudio que tres de cada diez nuevos medicamentos licenciados por la autoridad sanitaria de la Unión Europea fueron objeto de advertencias de seguridad en el curso de los primeros diez años de uso.

El trabajo, realizado por los profesores Donald Light, de la Universidad de Medicina de Nueva Jersey en Estados Unidos, y Joel Lexchin, de la universidad canadiense York en Toronto, acusa también a los fabricantes de productos medicinales de gastar mucho más en publicidad, promoción y mercadeo que en investigación y desarrollo, así como de obtener ganancias exageradas.

De sus ingresos —dicen los autores— la industria farmacéutica destina el 25% a esos fines. Es decir, a anuncios, relaciones públicas y técnicas de mercadeo. En cambio, a la búsqueda de nuevos fármacos destina apenas el 1.3%. Y aunque los fabricantes se quejan de que sus gastos en investigación y desarrollo han aumentado mucho, ocultan el hecho de que sus ganancias se han incrementado mucho más todavía. Entre 1995 y 2020 —escriben Light y Lexchin— los gastos en investigación y desarrollo se incrementaron en más de 34 mil millones de dólares, lo cual es una cifra bastante respetable y parece justificar sus lamentos de que cada vez gastan más en crear nuevos productos. Sin embargo, no dicen que en el mismo lapso sus ingresos crecieron más de 200 mil millones de dólares. O sea, seis veces más que sus gastos por los conceptos mencionados.

Los autores subrayan la conveniencia de poner un alto a estas amañadas prácticas de las empresas farmacéuticas. Es necesario, dicen, dejar de autorizar nuevos medicamentos que sólo son variantes de otros, no ofrecen mayores beneficios a los pacientes y sólo sirven para que los fabricantes puedan mantener sus patentes. Igualmente, sugieren que los gobiernos establezcan premios a quienes desarrollen verdaderos nuevos productos terapéuticos.

Coincidentemente con la publicación de este estudio, apareció otro en el mismo sentido, de investigadores de la Escuela de Economía de Londres, el cual sugiere que se modifiquen las reglas actuales, según las cuales para autorizar un nuevo medicamento sólo se requiere que demuestre ser superior a un placebo. Se debe exigir, dicen, pruebas de que es superior a los tratamientos ya existentes. O sea, que realmente se trata de una innovación, de un auténtico avance en el tratamiento de las enfermedades.

Ciertamente, son necesarias medidas de ese tipo en beneficio de los consumidores de medicamentos.

Comentarios: kixpachoch@yahoo.com.mx

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