Cada vez hay menos hielo en el Ártico

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Todavía hay quienes dudan que el calentamiento global realmente esté ocurriendo, y no faltan algunos que de plano lo niegan y afirman que todo lo que se dice al respecto es sólo resultado de errores o mala fe de los científicos. Pero son pocos —muy pocos— quienes todavía se atreven a sostener tales puntos de vista, pues cada vez se acumulan más pruebas de que la temperatura media de la Tierra efectivamente está aumentando.

Una de tales pruebas es la gradual disminución de la capa de hielo que cubre el Océano Ártico. En lo que va del presente siglo, ha habido varios años en que el deshielo de esa región se inició prematuramente y la superficie helada se redujo a mínimos históricos.

2012 es uno de esos años. El pasado lunes 27 de agosto, el Centro Nacional de Información sobre Hielo y Nieve de Estados Unidos —la institución gubernamental que se encarga de vigilar la situación en el Artico— informó que un día antes la extensión del casquete polar se había reducido a 4.17 millones de kilómetros cuadrados. Como la capa de hielo y nieve usualmente alcanza su menor extensión en septiembre, los científicos prevén que este año será menor que en 2007, cuando alcanzó un mínimo sin precedentes de 4.13 millones de kilómetros cuadrados.

El casquete polar ártico el pasado 26 de agosto según las imágenes de satélite. La línea continua marca la extensión mínima que en promedio cubrían los hielos durante los meses cálidos en el período 1979-2000. Como puede apreciarse, la superficie se ha reducido considerablemente, y del hielo que aún se conserva, gran parte es muy delgado y propenso a desaparecer fácilmente.

Igualmente, según los registros meteorológicos, este año el deshielo se inició tres semanas antes de lo usual, y la velocidad de fusión del hielo ha sido dos veces mayor que el promedio histórico, con lo cual durante las últimas semanas diariamente estuvieron desapareciendo 150 mil kilómetros cuadrados de superficie congelada.

Como decíamos, a los científicos les preocupa la frecuencia con que el casquete ártico se contrae durante el verano hasta niveles nunca o pocas veces vistos. En el curso de la última década, tal cosa ha ocurrido en cuatro ocasiones: 2002, 2005, 2007 y ahora en 2012. Ello es señal inequívoca de que las temperaturas son cada vez más elevadas.

También preocupa a los especialistas el hecho de que, aunque durante el invierno se restablece casi totalmente la superficie congelada, el grosor de la capa de hielo es más delgado de lo habitual. Y, a diferencia de lo que sucedía anteriormente, buena parte del hielo es “de primer año”. O sea, que es totalmente nuevo, no formado sobre una capa más delgada ya existente.

Los científicos temen que la fusión de los hielos polares pueda autoacelerarse. Si queda poco del llamado hielo perenne —el que no se derrite durante el verano—, la superficie de aguas oceánicas que recibe y almacena calor solar es desde luego mayor, y por tanto se dificulta el restablecimiento de la capa helada durante los meses invernales. El hielo que se forma en amplias zonas es muy delgado y por tanto más propenso a la fusión. Peor aún: puede ocurrir que ni siquiera se forme.

Quizá a algunos no les parezca importante que el casquete polar ártico se esté reduciendo, pero el problema es que esa gran masa helada influye de modo determinante sobre el clima de una vasta región del hemisferio norte, México incluido. Y no se sabe qué consecuencias podrá tener ese fenómeno. Pero mientras se llega a una conclusión, el hecho real y concreto es que cada vez hay menos hielo en el Artico y eso sin duda es resultado del calentamiento global.

Comentarios: kixpachoch@yahoo.com.mx

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