¿Caramelos, golosinas o medicamentos?

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Allá en mi lejana infancia, me encantaba tomar productos homeopáticos —“globulitos”, como se les llamaba popularmente, o “chochitos”, como también se les conoce—, pues a diferencia del aceite de ricino con que nos purgaban periódicamente, o la Emulsión de Scott a base de aceite de hígado de bacalao con que las madres intentaban lograr que sus hijos fueran sanos y fuertes, aquellos redondos terroncitos de azúcar resultaban una apetitosa golosina.

De los productos homeopáticos, los llamados “chochitos” o “globulitos” se ha dicho que son los terroncitos de azúcar más caros del mundo. Quizá por ello un fabricante británico ha decidido, para eludir la ley, etiquetarlos como caramelos o confites y no como medicamentos.


Todo ello me vino a la memoria al leer que en la Gran Bretaña un gran fabricante de productos homeopáticos ha anunciado que está pensando registrarlos como confites o caramelos y no como medicamentos, para así eludir las estrictas normas que entraron en vigor el pasado mes de julio y obligan a demostrar la eficacia de cualquier sustancia que se venda con fines medicinales.

En efecto, en la Gran Bretaña, al igual que en México, tradicionalmente los productos —no me atrevo a llamarlos medicamentos— homeopáticos se habían vendido libremente y sin receta médica en farmacias especializadas.

Pero la Human Medical Regulations Act o Ley para Regular los Medicamentos de Uso Humano, estableció que a partir de julio sólo se podrían vender en las farmacias productos medicinales debidamente registrados como tales. Los remedios que carezcan de tal reconocimiento legal ante las autoridades únicamente podrán ser vendidos al amparo de receta expedida por un médico o por un farmacéutico con licencia, después de que el paciente haya acudido a consulta personal.

Pero resulta que, pese a presentarse y anunciarse como medicamentos, la inmensa mayoría de los productos homeopáticos carecen de tal registro. Lograrlo es muy difícil, pues para ello tendrían que someterse a las estrictas y minuciosas pruebas que se exigen a las medicinas de patente, y hasta ahora no se sabe que ningún producto homeopático las haya pasado venturosamente. De hecho, en un amplio y detallado estudio acerca de la homeopatía realizado por el Comité de Ciencia y Tecnología de la Cámara de los Comunes —equivalente a la cámara de diputados en otros países— se dice que ya se ha acumulado suficiente evidencia, a través de numerosas investigaciones, como para concluir que la llamada medicina homeopática carece de eficacia y que, si bien no cabe duda de que los tratamientos con ella hacen que algunos pacientes se sientan mejor, eso puede ser resultado del llamado efecto placebo —o sea por el poder de la sugestión—, sin que constituya prueba alguna de la eficacia de la homeopatía.

Los fabricantes de productos homeopáticos se quejan de que las autoridades sanitarias británicas les ponen demasiadas trabas burocráticas para registrarlos, pero la realidad es que simplemente no pueden pasar las pruebas. Por ello, ya se les ha prohibido ofrecer al público botiquines homeopáticos como los que se anuncian bajo nombres tales como Equipo para Accidentes y Emergencias, Equipo para Partos o Equipo para Viajeros, ya que los productos que los componen no están registrados legalmente.

Ante la perspectiva de que deban retirar del mercado casi todos sus productos, uno de los mayores fabricantes británicos, la empresa Helios, cree haber encontrado una forma de burlar la ley: dice estar pensando seriamente etiquetarlos como confites o dulces. De esta manera, explicó un vocero de la compañía, los compradores interesados en la homeopatía que conocen esos esos productos y saben cómo usarlos, podrán seguir adquiriéndolos y empleándolos.

Al menos la compañía Helios será sincera y venderá sus globulitos de azúcar como lo que realmente son: simples golosinas.

Comentarios: kixpachoch@yahoo.com.mx

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