El guajolote y los antiguos mayas

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Mucha gente sabe que el pavo doméstico es originario de América y desciende de una especie silvestre, el guajolote —del náhuatl huexolotlin, científicamente llamado Meleagris gallopavo— que existe en el cen-tro y norte de México y en Estados Unidos. Esta especie fue domesticada desde los tiempos prehispánicos y dio origen a todas las razas y variedades que actualmente se crían en todo el mundo. Pero poca gente sabe que hay otra especie de pavo silvestre, conocido como cutz y en la nomenclatura zoológica como Meleagris ocellata, que nunca pudo ser domesticado y al cual podría llamarse el pavo maya, pues sólo habita en el sureste de México y Centroamérica.

Pues bien, durante mucho tiempo se pensó que los antiguos mayas no conocieron más que a nuestro pavo, el cutz, y únicamente consumían aquellos ejemplares que cazaban. Pero un reciente estudio científico dirigido por el Dr. Erin Thornton, de la universidad canadiense de Trent y el Museo de Historia Natural de la universidad norteamericana de Florida, reveló que desde muy antiguo en el área maya también se manejaban ejemplares del pavo norteño, el guajolote, y eso indica que ya había sido domesticado mucho antes de lo que generalmente se supone.

Este es el pavo silvestre norteño, Meleagris gallopavo, conocido como huexolotlin en náhuatl, de donde proviene la palabra guajolote. Fue, además de los perros pelones, el único animal doméstico que hubo en Mesoamérica antes de la conquista española. En la zona maya había una especie parecida del mismo género, el cutz, Meleagris ocellata, que sin embargo nunca pudo ser domesticado.

Ello se comprobó mediante la identificación, con técnicas de análisis genético de ADN y del estudio de la estructura ósea, de restos de pavos encontrados en la gran zona arqueológica de El Mirador, en Guatemala. Hasta antes de la investigación se creía que esos huesos, que datan del período Preclásico —o sea de entre los años 300 antes de nuestra era y 100 de la misma— eran de cutz, de pavos de la especie Meleagris ocellata del área maya.

La investigación, de la cual se da cuenta en el último número de la revista científica Public Library of Science ONE, obligará a rexaminar otros restos de pavos prehispánicos del área maya, de los cuales se daba por sentado que eran de la especie nativa pero podrían pertenecer a la otra especie. Igualmente, arroja nueva luz sobre los intercambios comerciales, las costumbres de los antiguos mayas y la época en que fue domesticada esta ave y comenzó a ser objeto de comercio entre las distintas culturas mesoamericanas.

Desde luego, resulta notable que en aquel entonces se transportaran animales vivos tan lejos. Los sitios más próximos al área maya donde habita el pavo norteño se encuentran a 600 kilómetros de distancia, y en aquellos tiempos no era fácil viajar tales distancias.

Por otro lado, los restos —señalan los investigadores— no fueron hallados en zonas habitacionales —lo cual habría indicado que provenían de alimentos usualmente consumidos por la gente del lugar— sino en un centro ceremonial. Esto permite suponer que a esos ejemplares se les tenía en muy alta estima, tenían un valor excepcional, y no se les destinaba a la alimentación ordinaria, sino probablemente a sacrificios rituales, banquetes ceremoniales o festividades especiales.

La historia natural del mundo maya, como se ve, todavía sigue dándonos sorpresas.

Comentarios: kixpachoch@yahoo.com.mx

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