Un ave única, el cuitlacoche de Cozumel

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No existe en ningún otro lugar del mundo más que en esta ínsula caribeña, pero tiene la triste distinción de ser el ave mexicana más gravemente amenazada de extinción.

Ciertamente, Cozumel no es una isla cualquiera. Es la mayor de México, la más densamente poblada, la que recibe mayor número de turistas —aunque sea en cruceros y de breve estancia—, la que tiene los más hermosos arrecifes coralinos y la que marcó el inicio del desarrollo turístico en el Caribe mexicano. Pero desde el punto de vista biológico también posee una singularidad que mucha gente ignora: alberga especies únicas en el mundo, entre ellas el cenzontle o cuitlacoche de Cozumel, ave considerada la más gravemente amenazada de extinción en nuestro país. Tan es así, que se ha puesto en marcha un esfuerzo internacional concertado para conocer mejor su situación y garantizar su supervivencia.

Cenzontle o cuitlacoche de Cozumel. Es pariente del bien conocido y abundante cenzontle tropical Mimus gilvus, al cual se parece en forma y tamaño, pero tiene el pico curvado hacia abajo y distinta coloración.

El cuitlacoche cozumeleño —Toxostoma guttatum es su nombre científico— es un ave canora, de trinos melodiosos como todas las del mismo género, y está emparentada con el muy conocido cenzontle tropical Mimus gilvus, que abunda en la península, incluso en las zonas urbanas. Fue identificada como nueva especie en 1885 y únicamente existe en la isla, pero no en tierra firme peninsular, pese a que entre ambas median sólo 20 kilómetros.

El por qué no se ha propa-gado a otros lugares, es tan enigmático como el origen de esta ave, acerca del cual los bió-logos barajan tres hipótesis: la primera es que es una especie relicto. Es decir, que antes tuvo una distribución mucho más amplia pero luego quedó confinada a Cozumel. La otra es que desciende de una especie que también existía en tierra firme peninsular pero los ejemplares que vivían en la isla experimen-taron una transformación evolu-tiva que dio origen a una nueva especie. La tercera, es que la especie procede de Florida, donde ya se extinguió, y que algunos ejemplares llegados accidentalmente a Cozumel en el remoto pasado formaron una nueva población que se ha mantenido hasta ahora.

Arriba, un ejemplar disecado de cuitlacoche de Cozumel. Abajo, uno de sus parientes del mismo género, con el cual en un principio se le con-fundía hasta que se estableció que eran especies diferentes.

Cada una de esas tres hipótesis tiene sus pros y sus contras, pero sea cual sea la correcta, el hecho es que los días del cenzontle de Cozumel parecen estar contados si la intervención humana no logra salvarlo. La última vez que se registró con toda certeza un ejemplar, capturado en una red ornitológica y luego liberado, fue en junio de 1995. Desde entonces no ha habido más que avistamientos, muchos de ellos dudosos. De los que puede considerarse confiables, el más reciente fue en abril de 2006. Otro, en diciembre de 2003, se registró con una cámara de video, pero la grabación se perdió posteriormente y no se conservan copias.

Un enemigo reptante

Todo esto hace temer a algunos investigadores que el cuitlacoche de Cozumel ya se haya extinguido como resultado de varios factores, principalmente la alteración de su hábitat —la selva subcaducifolia— por la construcción de asentamientos humanos, los daños causados por los huracanes —en particular Gilberto y Wilma, que pasaron directamente sobre la isla y ocasionaron gran devastación ambiental— y, sobre todo, la depredación de aves y huevos por boas de la especie Boa constrictor.

Una boa. Aunque no es venenosa —mata a sus presas por constricción—resulta temible para las aves, sus huevos y sus polluelos, ya que sube fácilmente a los árboles.

Esta serpiente al parecer no existía en Cozumel hasta tiempos muy recientes. Se dice que fue introducida deliberadamente en 1971 cuando se llevaron a la isla varios ejemplares para utilizarlos en la filmación de una película y luego se les liberó en el lugar. Esto no ha sido plenamente confirmado, y algunos herpetólogos opinan que en realidad ya había boas desde hace mucho. Sea como sea, el hecho es que ahora son muy abundantes y por su gran tamaño —las de la península normalmente miden entre 1.5 y dos metros, aunque en otros lugares las hay hasta de cinco metros— y por sus hábitos arborícolas, son peligrosas depredadoras de aves, huevos y polluelos. Pueden ser también una amenaza para las más de dos docenas de especies y subespecies de vertebrados endémicos de Cozumel. Es decir, que sólo existen en ese sitio y no en otros lugares del mundo. Por ejemplo, el colibrí esmeralda Chlorostilbon forficatus, el vireo de Cozumel Vireo bairdii, el mapache enano Procyon pigmaeus, el tejón o pisote enano Nasua nelsoni, y la lagartija picasombra Aspidoscelis cozumela.

La selva mediana subcaducifolia, el medio ambiente preferido por el cenzontle de Cozumel. Este tipo de vegetación cubre grandes extensiones de la isla pero está siendo arrasada con fines de urbanización.

La gran riqueza avifaunística de Cozumel puede estimarse por el hecho de que, aunque mide sólo 500 kilómetros cuadrados, en la isla se han identificado más de 200 especies de aves —número equivalente a la mitad de las que hay en toda Europa—, incluso algunas que no existen en ningún otro lugar del mundo. Hay también varias especies y subespecies de mamíferos y reptiles únicas de Cozumel.

Para determinar la magnitud de la amenaza que representan las boas para la fauna cozumeleña, se está realizando un estudio dirigido por Cristopher González Baca y Alfredo Cuarón, del Instituto do Ecología de la UNAM. Y en cuanto al cenzontle de Cozumel, como decíamos, hay un esfuerzo internacional coordinado para tratar de establecer si aún existe la especie y, de ser así, qué medidas se pueden tomar para evitar su extinción. En los trabajos participan la organización científica Endémicos Insulares —dedicada a la protección de la fauna de islas en diversos lugares del mundo—, la Universidad Villanova de Estados Unidos y la Fundación de Parques y Museos de Cozumel. Por lo pronto, independientemente de si aún existe o no el cuitlacoche, los estudios están orientados a proponer medidas de mitigación para evitar que se siga destruyendo la vegetación de la isla, que está seriamente amenazada por grandes proyectos inmobiliarios y de campos de golf.

Comentarios: kixpachoch@yahoo.com.mx

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