El extraño caso de la araña vegetariana

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Todas las arañas del mundo conocidas —40 mil registradas hasta la fecha— son depredadoras. Se alimentan con insectos y otros pequeños animales a los cuales inmovilizan o matan y ablandan con su veneno y sus jugos digestivos para luego absorberlos como si fuera un licuado, dejando sus partes sólidas. Pero existe una excepción: cierta araña vegetariana, que se alimenta con unas estructuras especiales que crecen en las hojas de plantas del género Vachellia (antes incluidas en el género Acacia), popularmente conocidas como acacias o huizaches.

Esta es la araña vegetariana Bagheera kiplingi. Rojiza y de no más de cinco centímetros de largo, tiene —además de su singular dieta— otras singularidades, como el hecho de que a, diferencia de la generalidad de las arañas, no acostumbra devorar al macho después del apareamiento. Quizá porque éste y no la hembra es quien se encarga de cuidar los huevos y las larvas.

Lo que hace particularmente interesante para nosotros esto —que normalmente no pasaría de ser una distante curiosidad zoológica— es que la susodicha araña existe en la península de Yucatán y su peculiar comportamiento fue descubierto durante investigaciones realizadas en Quintana Roo por el Dr. Christopher J. Meehan, de la Universidad Villanova. Ya antes, otro investigador norteamericano, el Dr. Eric Olson, había observado esa conducta alimenticia de dicha araña en Costa Rica, y ambos unieron sus esfuerzos para realizar un estudio más a fondo de esta anomalía biológica.

El bicho en cuestión ya había sido identificado y registrado desde fines del siglo XIX, cuando fue clasificado como Bagheera kiplingi. El nombre, dicho sea de paso, le fue asignado por referencia a la pantera Bagheera del Libro de la selva, la famosa obra de Rudyard Kipling. Es del tipo de las llamadas arañas saltarinas o saltadoras de la familia Salticidae, que no tejen telas para atrapar presas sino merodean en busca de alimento y las capturan lanzándose sobre ellas. De ahí la comparación con una pantera.

Pero nuestra araña sólo ocasionalmente caza y come otros animales. Su alimento básico, como decíamos, son las secreciones azucaradas que hay en las hojas de ciertos árboles y arbustos del mencionado género Vachellia, como la V. cornigera, a la cual en maya se denomina subinché y en español cornezuelo —muy común y abundante en la península—, y que se caracteriza por tener numerosas espinas muy puntiagudas, dispuestas en pares a modo de cuernos, tan duras y resistentes que los antiguos mayas las utilizaban como anzuelos.

Los múltiples ojos de las arañas saltarinas les proporcionan una visión muy aguda, que facilita su actividad de caza. A las arañas vegetarianas, les permite descubrir oportunamente cualquier animal que se le aproxime con aviesas intenciones, y escapar antes de convertirse en el almuerzo de ese depredador.

Cuerpos beltianos

Las acacias se caracterizan también porque en los extremos de las hojas nuevas tienen unas estructuras llamadas cuerpos de Beltian o cuerpos beltianos que producen grasas, vitaminas y proteínas. Igualmente, en la base de las hojas poseen unas glándulas denominadas nectarios extraflorales que, como su nombre indican, segregan néctar, rico en azúcares.

Pues bien, las arañas saltarinas de esta historia aprendieron a lo largo de la evolución a aprovechar esas fuentes de alimento. Se ahorran así el trabajo de tejer telas —que el viento o los animales destruyen y tienen que ser rehechas o reparadas continuamente— para capturar presas. Cuentan, además, con una fuente de alimento permanente y segura, pues tanto los cuerpos beltianos como los nectarios extraflorales producen continuamente material nutritivo.

Las investigaciones de Meehan y Olson revelaron que en Quintana Roo el 91% de la dieta de esas arañas consiste en las secreciones de la planta, principalmente de los cuerpos beltianos. La diferencia la cubren con moscas, hormigas y otros insectos que acuden a alimentarse con esos materiales. En Costa Rica —donde sus hábitos también fueron estudiados— recurren menos a la alimentación vegetariana. En promedio, sólo el 60% de su dieta proviene de ella. El resto lo obtienen de presas.

Peligro constante

Pero haberse vuelto vegetarianas no les garantiza una vida enteramente cómoda y segura. En las acacias se enfrentan día y noche a una grave amenaza: las feroces hormigas del género Pseudomirmex que viven en asociación simbiótica con esas plantas. Estas hormigas forman nutridas colonias de hasta 15 mil individuos o más que habitan el interior de las espinas y actúan a modo de guardianas, como un ejército que ataca a cualquier animal que intente comer las hojas o a cualquier planta trepadora o parásita que crezca sobre la acacia.

Los pequeños objetos claros en el extremo de las hojas tiernas de esta acacia son los llamados cuerpos beltianos, muy ricos en material nutritivo. Obsérvense también las grandes y puntiagudas espinas. Son huecas y en ellas habitan ciertas hormigas que actúan como guardianas de la acacia.

A cambio del cuidado y protección que le dan a la planta, las hormigas se alimentan con sus secreciones. Las Bagheera tienen por lo tanto que mantenerse siempre alertas para escapar de tan agresivas vigilantes y competidoras, cosa que no siempre logran aunque a eludirlas les ayudan su aguda visión, su agilidad y su capacidad para saltar a grandes distancias. Incluso, si se sienten acorraladas, se dejan caer pendientes de un hilo de seda y así permanecen hasta que pasa el peligro. También, usualmente se ubican y hacen sus nidos en el extremo de las hojas más viejas, que por no tener cuerpos beltianos, casi no son patrulladas por las hormigas.

Otro inconveniente de este tipo de alimentación, es que las secreciones de las acacias contienen un alto porcentaje de fibras vegetales, y el sistema digestivo de las arañas, adaptado para una alimentación a base de proteínas animales, no puede procesarlas fácilmente. Los científicos todavía están investigando cómo logran digerirlas. Al parecer, lo hacen con ayuda de ciertas bacterias alojadas en el sistema digestivo, las cuales quizá adquieren al comer larvas de hormigas.

En fin, el extraño caso de la araña vegetariana ha resultado un fértil campo de estudio para los biólogos.

Comentarios: kixpachoch@yahoo.com.mx

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