Una argentina bonita pero peligrosa

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Casi nadie pensaría que una simpática e inofensiva cotorrita pueda representar un serio peligro económico y ambiental. Pero los biólogos han lanzado una clarinada de alerta contra la creciente introducción a México de ejemplares de la llamada cotorra argentina, o Myiopsitta monachus para quien prefiera el apelativo científico.

Resulta que esta ave de ornato —originaria de Sudamérica como su nombre indica— es muy popular como mascota tanto en México como en otros países, y sus ventas en nuestro país se han incrementado en los últimos tiempos debido a que diversas especies nativas de loros, pericos y cotorras fueron puestas bajo protección especial y está prohibida la captura y venta de ejemplares silvestres, como antes se hacía.

Pero —como era inevitable— cierto número de cotorras argentinas han escapado o fueron liberadas por sus dueños. Ya están anidando y reproduciéndose en ciudades y campos, y su multiplicación podría tener graves efectos económicos y ecológicos, según se indica en un informe publicado en la Revista Mexicana de Biodiversidad por un grupo de biólogos de la UNAM, la Universidad Autónoma Metropolitana y el Instituto de Ecología.

Cotorra argentina. Aunque no imita la voz humana, es muy apreciada como mascota por su pequeño tamaño y su colorido plumaje. Por eso ha sido introducida en muchos países, México inclusive, pero representa un riesgo para la avifauna nativa.

Desde hace más de diez años —señala el informe— vienen registrándose avistamientos de esta ave exótica en regiones del país muy distantes entre sí: Baja California Sur, la costa de Chiapas, Guanajuato, la ciudad de México, Michoacán, Oaxaca y Puebla. En la mayoría de los casos, se trata de parejas, individuos aislados o pequeños grupos, pero también se han observado bandadas de 40 o más.

Es probable que también esté presente en las ciudades y áreas rurales mexicanas de la zona fronteriza con Estados Unidos, pues en el lado norteamericano ya hay invasión de esta cotorra.

Entre los peligros que conlleva la proliferación de la cotorra argentina, están los daños a la agricultura, pues se alimenta con frutos y granos cultivados. También, como acostumbra anidar en lo alto de los postes de electricidad, llega a provocar cortocircuitos, con las consecuentes averías a las instalaciones. Asimismo, transmite la enfermedad de Newcastle, que afecta a los pollos. Finalmente, representa un peligro para la avifauna nativa, pues defiende muy agresivamente sus nidos, sus polluelos y sus áreas de alimentación, y al hacerlo se le ha visto matar a otras aves.

Aunque hasta ahora no se han observado efectos negativos por la presencia de esta especie exótica en México, el peligro se mantiene latente y en cualquier momento podría desatarse su multiplicación explosiva e incontrolable. Por ello los autores del estudio subrayan la necesidad de tomar medidas en dos sentidos: por un lado, detener la importación, cría y comercio de la cotorra argentina, para evitar que continúe aumentando el número de ejemplares liberados deliberada o accidentalmente. Por el otro, iniciar una campaña de erradicación de los ejemplares en libertad, destruyendo sus nidos, huevos y crías, y cazando a los adultos. Todo ello sin miramientos ni consideraciones románticas, pues esas aves traídas del extremo sur del continente representan una amenaza mortal para las nuestras.

E, independientemente de las acciones que —ojalá— tomen las autoridades, todos podemos, a nivel personal, contribuir a conjurar el peligro, simplemente absteniéndonos de comprarla y, si ya la tenemos, asegurarnos de que no escape, no se reproduzca y que muera en cautiverio.

Comentarios: kixpachoch@yahoo.com.mx

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