Adiós, mi querido Strombus

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El hombre y su medio

Por Juan José Morales

Este hermoso animal, parte de la esencia misma de Quintana Roo y que simbolizó la riqueza natural del estado, podría —paradójicamente— desaparecer de nuestras aguas y las futuras generaciones lo conocerían únicamente como parte del escudo de la entidad.

Quintana Roo se distingue porque es el único estado de la República —y quizá la única entidad política del mundo— que ostenta en su escudo un molusco: el caracol rosado o de oreja, Strombus gigas para los científicos. Su estilizada figura la reconoce quien tenga un conocimiento básico de la biología de ese animal, por los característicos picos que presenta en la punta, y que son más grandes y alargados en la primera etapa de su vida, a manera de protección para que —al resultar así más grande— un depredador encuentre más difícil devorarlo.

Al Strombus se le incluyó en 1974 en el escudo del nuevo estado como símbolo de su riqueza pesquera, junto con la también simbólica representación —tres árboles con puntiaguda copa— de lo que en aquel entonces era la otra gran riqueza de la naciente entidad: la forestal.

Pero si no se toman medidas urgentes y radicales para protegerlo, podemos llegar a la paradójica y contradictoria situación de que Quintana Roo ostente como emblema una especie extinta en sus aguas.

Esto no es exageración. En el curso de la existencia de nuestro estado, las poblaciones de caracol rosado a lo largo de la costa han ido en constante declive. Hoy son sólo una pálida sombra de lo que fueron en aquellos no muy lejanos tiempos y el único lugar donde todavía se le pesca, es la Reserva de la Biósfera de Banco Chinchorro, en el extremo sur de la entidad, cerca de los límites con Belice. Pero aún ahí su situación es tan crítica, con la espada de Damocles de la extinción pendiente sobre él, que los biólogos han pedido suspender su explotación al menos durante cinco años con la esperanza de que la población se recupere aunque sea parcialmente.

Un poco de historia

Hubo buenas razones para incluir al caracol rosado en el escudo de Quintana Roo y para que su figura, y no la de un pez, encarnara el patrimonio pesquero de Quintana Roo. En esa época era —junto con las tortugas marinas y la langosta— la base de la actividad pesquera en la costa mexicana del Caribe. De hecho, en 1975, primer año de vida independiente del joven estado, la producción de caracol representó el segundo lugar por volumen y valor de la producción después de la de carne y conchas de tortuga, y por encima de la de langosta, con un total —hasta ahora nunca igualado— de 346 toneladas de carne oficialmente registradas, más las que se destinaron al autoconsumo, se comercializaron localmente o se vendieron clandestinamente.

Pero ya para entonces comenzaban a sonar campanas de alerta. Justamente ese año, en Campeche y Yucatán se prohibió la captura de este molusco de carne blanca y agradable sabor, pues la desmedida explotación para satisfacer la demanda, lo había llevado a lo que se conoce como extinción comercial. Es decir, a una situación en que, aun cuando seguía existiendo como especie, sus poblaciones eran ya tan pequeñas que resultaba incosteable su extracción.

Un caracol. Obsérvese la gran masa muscular. Los ojos se hallan al extremo de largos pedúnculos. Lo que parece una garra en el extremo inferior es el opérculo, una placa córnea que cierra la abertura de la concha cuando el animal se retrae en ella y también le sirve de apoyo para avanzar a saltos.

En Quintana Roo la producción todavía se mantuvo por algunos años, pero también declinó rápidamente. Pronto las existencias del recurso se agotaron en la zona norte y hubo que establecer una veda permanente. Luego, ocurrió lo mismo en la parte media del estado, y desde 1993 el único sitio donde ha estado permitida es Chinchorro, donde para proteger el recurso se estableció un sistema de cuotas. Sin embargo, los propios pescadores —y así lo reconocieron después— decidieron violar las disposiciones oficiales y pescar más de lo autorizado. Ello, sumado a la acción de pescadores furtivos llegados de otros lugares, ocasionó un catastrófico descenso en las existencias, y hubo que restringir más aún la captura. La cuota autorizada para este año fue de sólo 4.5 toneladas de carne. Es decir, apenas el 1.23% de aquellas 364 toneladas del primer año de vida de nuestro estado.

Un Strombus mira el mundo desde su concha, que interiormente está cubierta por nácar liso, brillante, de hermoso color rosado. La parte amarilla que cubre parcialmente la concha es el manto, un tejido que segrega los compuestos de calcio que forman la propia concha.

En desagravio de los pescadores organizados, hay que decir sin embargo que si bien contribuyeron al saqueo de caracol, desde hace casi diez años, preocupados por la situación accedieron a que se estableciera una veda permanente a su captura, a condición sólo de que se estableciera una vigilancia, rigurosa y efectiva, para evitar la pesca clandestina, que ya en aquel entonces se estimaba entre cinco y diez veces mayor que la legal. Sin embargo la Profepa y Conapesca, autoridades que debían asegurar la vigilancia, dijeron no contar con personal ni recursos para ello. Por su parte, la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp), que administra la reserva de Chinchorro, carece de facultades legales para supervisar la actividad pesquera y detener a los infractores. Así, todo quedó en buenos deseos y el saqueo prosiguió.

Un ejemplar en su hábitat natural entre las algas con que se alimenta. Habita fondos arenosos, desde muy cerca de la orilla hasta profundidades de cien metros, si bien usualmente no más allá de los 25 ó 30.

Consuelo de tontos

Difícilmente puede encontrarse en el mundo un caso semejante, en que una pesquería prácticamente desaparezca por completo en poco más de tres décadas.

Si esto puede servir como consuelo de tontos, habrá que decir que la virtual desaparición del caracol rosado no ocurrió sólo en aguas de Quintana Roo, sino en muchas otras zonas de su extensa área de distribución, como las Bermudas, República Dominicana, Florida, Haití, Costa Rica, Puerto Rico, Trinidad y Tobago, Venezuela, la costa norte de Cuba, Colombia, Honduras y otros lugares. Sólo parece haber poblaciones sanas en las islas Turcos y Caicos, Santa Lucía, el litoral sur de Cuba y Martinica.

Aunque el Strombus gigas no está oficialmente catalogado como especie amenazada por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, ya desde 1995 la Convención Internacional sobre el Comercio de Especies Amenazadas de Flora y Fauna Silvestre, mejor conocida como CITES por su sigla en inglés, recomendó una serie de medidas para protegerlo. Pidió, por ejemplo, que se prohibieran las importaciones de conchas y carne procedentes de Haití, Honduras y la Dominicana.

Estas imágenes permiten apreciar mejor las características externas del caracol rosado, como la gran extensión en forma de oreja o abanico de la concha, el bello color interno y sus prominentes picos, que en la etapa juvenil (imagen inferior izquierda) son casi tan largos como los de los ejemplares adultos. Esta es una protección contra depredadores, que encuentran más difícil tragarlo.

Estas imágenes permiten apreciar mejor las características externas del caracol rosado, como la gran extensión en forma de oreja o abanico de la concha, el bello color interno y sus prominentes picos, que en la etapa juvenil (imagen inferior iz-quierda) son casi tan largos como los de los ejemplares adultos. Esta es una protección contra depredadores, que encuentran más difícil tragarlo.

En fin, para no hacer más largo el cuento: nuestro emblemático caracol rosado, nuestro Strombus gigas, ese molusco heráldico de Quintana Roo, se encuentra en camino de desaparecer de las aguas del propio estado que lo escogió para figurar en su escudo como símbolo de abundancia y riqueza pesquera.

Comentarios: kixpachoch@yahoo.com.mx

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