Una especie de falsa vacuna universal

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“Si quieres tener un futuro de bienestar y salud, si padeces alguna enfermedad relacionada con el sistema inmune (virus, bacterias, hongos, asma, lupus, soriasis, esclerosis, diabetes, cáncer, VIH, etc.) date la oportunidad de conocer qué son los factores de transferencia en la voz de un profesional de la salud.”

Por Juan José Morales

Así reza el mensaje que me llegó vía correo electrónico hace unos días, invitándome a una reunión informativa sobre esas maravillosas sustancias que supuestamente protegen contra todas las enfermedades, todo lo curan, y lo que no, lo alivian, y “están ayudando a millones de personas a tener una excelente salud fortaleciendo su sistema inmunológico”.

Desde luego, sonaba muy atractivo aquello de poder evitar los incontables padecimientos que amenazan al ser humano. Pero de inmediato mostraba la colita el ratón. “También —continúa el mensaje— conocerás el sistema de distribución de este increíble producto y para cerrar con broche de oro, escucharemos a un profesional de la motivación y el buen pensar.”

Este es uno de los muchos anuncios de este producto que se comercializa hábilmente como si fuera un poderoso medicamento, a pesar de que sólo un producto lácteo y está registrado como alimento.

En realidad, se trataba de una de esas reuniones en las cuales se entusiasma a la gente para ganar mucho dinero como “vendedor independiente”, mediante el sistema conocido como de mercadeo en red o ventas multinivel, del cual hablaremos en otra ocasión. Por ahora, lo que nos interesa son los tales factores de transferencia y el mito de que protegen contra todo tipo de males.

Los dichosos factores fueron descubiertos allá por 1949 en el ca-lostro, una sustancia que producen las glándulas mamarias de la mujer —y las hembras de todos los mamíferos en general— durante el emba-razo y por unos días más después del parto. Como el calostro contribuye a fortalecer el sistema inmunológico del recién nacido —o sea su resis-tencia a las enfermedades infecciosas— se pensó que los tales factores de transferencia podrían utilizarse con ese fin. Es decir, para proteger al ser humano, en cualquier etapa de su vida, contra cualquier enfermedad transmisible, estimulando la formación de anticuerpos.

En los más de 60 años transcurridos desde entonces, no se ha lo-grado demostrar plena y convincentemente, con métodos científicos ri-gurosos, que los factores de transferencia tengan ese efecto. Por ello no están registrados en las farmacopeas. Ello no ha impedido, sin embargo, que proliferen las afirmaciones en tal sentido y que se comercialicen productos supuestamente curativos, a base de las tales sustancias.

Pero no se venden como medicamentos, sino como suplementos o complementos alimenticios elaborados a base de calostro de vaca. Y es ahí donde está el truco. La añagaza estriba en que si en su preparación se usara calostro de mujeres, tendría que registrarse como medicamento —al igual que todos los productos hechos con extractos biológicos de origen humano— y por tanto tendría que someterse a las estrictas pruebas clínicas y de laboratorio que se exigen a los productos farmacéuticos.

Preparado con calostro de vaca, en cambio, puede registrarse como alimento, igual que si fuera yogurt, requesón, mantequilla o cualquier otro producto lácteo. Al ingenuo comprador, sin embargo, se le hace creer que se trata de un producto medicinal, de una especie de vacuna universal que fortalece las defensas orgánicas contra las más graves y temibles enfermedades.

En pocas palabras: todo este asunto de los factores de transferencia —bastante caros por lo demás— es sólo una cuestión de mercadeo, un gran negocio de una empresa transnacional norteamericana y otras de menor calibre.

Comentarios: kixpachoch@yahoo.com.mx

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