Palabra de mujer (más de refraneros misóginos)

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La lectura del reciente libro de Susana Corcuera, De pícaros y malqueridos, reafirma la idea de que la mujer es un instrumento del Diablo que sirve para desencaminar al hombre y llevarlo a la perdición; durante una época la iglesia la persiguió, la acusó de usar artilugios para perder al hombre, y ponían como ejemplo a Eva haciendo comer higos (o fruto prohibido) con la tentación de que adquirían sabiduría y una mayor independencia, además de la reproducción y placer en sus intentos.
La picaresca abunda en poemas en los que la mujer tiende trampas, y también que permite que le tiendan otras, todas en persecución del placer carnal; no disimula la participación de clérigos que, aprovechando la ocasión, abusan de las fieles que acuden en busca de consejo; pero como ya dije, será ocasión de otro escrito más detallado.
Los refranes, que apuntan Ángeles Sánchez Bringas y Pilar Vallés en su condensado La que de amarillo se viste, aspiran a decir una verdad, y que sirva de consejo o de aviso o de consuelo de aquel que ha cedido a la tentación, ha caído en una trampa, o sufre por ello; muchos dan a entender que no hay mujeres inocentes, que desde chicas saben qué hay que hacer para conquistar a los hombres, y mientras a más, mejor; y como se pensaba que un hombre era más hombre mientras más mujeres tuviera, y podría presumirlas, si no en nombre sí en número, la mujer en cambio si pasaba de uno en sus redes ya era considerada fácil, promiscua, o cuando menos débil.
Abundan los chistes en los que se habla de las jóvenes incapaces de resistir asedios: “Quiero confesarte los amores que he tenido antes de ti –dice la muchacha—; ya me los confesaste la semana pasada –arguye el novio—; los que he tenido desde entonces”. “No es lo mismo La Santa Sede que la santa cede”; el cine mexicano abunda en ejemplos de muchachas seducidas que sólo son redimidas por la nobleza del hombre que perdona su desliz, a veces engañada por las promesas del galán (El caso de una adolescente; Una virgen moderna; Tu hijo debe nacer; Ellas también son rebeldes; Con quién andan nuestras hijas; Tres días tiene la vida; Hasta que perdió Jalisco; Maldita ciudad; Al rojo vivo); a veces, son víctimas de engaños o de violación (Dos tipos de cuidado; Siempre hay una primera vez; Aventurera); la caída por lujuria se paga caro (Santa; Hay lugar para…dos; La Diana cazadora; Ahora soy rico). Son escasas las cintas donde el placer gozoso no tiene repercusiones funestas (Fin de fiesta, Lo mejor de Teresa, Para servir a usted); pocas veces el cine ha visto el sexo extramarital con humor, y cuando incurre en él, hay una víctima (“La sorpresa”, en Trampas de amor).
Los refranes nos advierten que hay que tener cuidado con las mujeres; a ellas, que los hombres son muy malos, prometen muchos regalos (es inevitable: cada que puedo cito a José Agustín) y luego no cumplen, que sólo se aprovechan de ellas. Continuaré citando sólo unos cuantos; pero entre ellos, intercalaré más que un refrán como tal, algún ejemplo literario, sin identificarlo porque los lectores lo identificarán por ellos mismos; no cito el ejemplo de la mujer que no defendió su honra como defendió la indemnización que le dan por haber sido violada, por no dar la razón al juez que exoneró a un remedo de cantante arguyendo que la violada no hizo lo necesario para defenderse.
Una acotación antes de la recreación: la mayoría de los refranes están rimados; las rimas son sencillas y previsibles, aunque haya algunas elegantes, asombrosas, inesperadas, pero son pocas; y una de las cosas que hacen parecer aburridos los refranes es su monotonía en el ritmo, y tienden a ser octosílabos, que hacen poco variado el decir; pero cuando rompen ese ritmo son difíciles de memorizar, y también de pronunciar. También, que parecen intemporales; por eso no es raro encontrarlos en novelas y poemas de siglos atrás; raros son los que necesitan explicación, por eso molesta que intenten hacerlos explícitos, pues aun los de tiempos muy remotos son fáciles de entender. Otra característica: son reiterativos, y muchos parecen variantes de otros, por lo que no puede saberse cuál fue primero; se presume que son de autoría anónima, y por eso uno se sorprende que se sepa quién los escribió (Esopo, Aristóteles); muchos simplemente los han registrado y han hecho que con ellos se expresen sus personajes (Lope, Cervantes); tampoco es raro que lleguen a la lírica popular y que al cabo de los años se dé por hecho que nacieron de ella; también es cierto que cuando el autor está muy identificado, no es fácil que se popularice. Y otra advertencia: no siempre sigo la puntuación de las autoras, porque en muchos de los refranes una coma o un punto o un signo de admiración hace que se pierda la fluidez; dejé fuera muchos que semejan a otros de los incluidos, pero no dejé que me ganara la pudibundez e incluí, me temo que con desparpajo, algunos bastante vulgares, pero no me negarán que graciosos, que es una de las características principales de un buen refranero.

Las bromas y la mujer, cuando sean menester
Las lágrimas de las putas al cielo llegan juntas
Las malas amigas y los malos novios abundan como las pulgas
Las ocasiones hacen a las putas y a los ladrones
Le gusta el trote de macho, aunque le zangolotee
Le salen canas y cuernos tanto a viejos como a tiernos
Llámame puta aunque no sea, mejor que vieja fea
Lo mejor de la mujer está en el medio; ni tan mala, ni buena que cause tedio
Lo que el diablo no puede hacer, hácelo la mujer
Lo que en el hombre es pasión en la mujer es capricho
Lo que la mujer no consigue hablando, lo conseguirá llorando
Los casados son como los marranos: de día pelean y de noche duermen juntos
Lunar en la boca, señal de loca
Mal ganado será guardar mozas locas para casar
Mal regaña el amo a la moza, si a veces con ella retoza
Mal se guarda a las doncellas cuando no se guardan ellas
Mala para el metate, pero buena para el petate
Marido con pereza, es una mala pieza
Marido que no es casero canta en otro gallinero
Mariposa que busca la llama, en ella se abrasa
Más matan faldas que balas
Más tiran nalgas en lecho que bueyes en barbecho
Más vale puta sin parecerlo, que parecerlo y no serlo
Más vale querer a un perro, y no a una ingrata mujer
Matrimonio a edad madura, cornamenta o sepultura
Mejor de vieja rogado que de moza desdeñado
Mi comadre la bandida, santa en la muerte y puta en la vida
Mientras más remangas las enaguas, más enseñas las nalgas
Moza que asoma a la ventana, de ser vista tiene gana
Muchas hay de brazos mancas, pero ágiles de las ancas
Mujer a quien le das lo que te pide, mujer que te dará lo que le pidas
Mujer alborotada pronto es preñada
Mujer asomada a la ventana, o es puta o está enamorada
Mujer bella con exceso, mucho sexo y poco seso
Mujer celosa, leona furiosa
Mujer con belleza, humo en la cabeza
Mujer con muchos amigos cuenta con dineros y con abrigos
Mujer hermosa y con talento, parece cosa de cuento
Mujer joven y hombre maduro, segura la insolación
Mujer que a la venta se pone a cada rato, venderse quiere barato
Mujer que con curas trata, poco amor y mucha reata
Mujer que de noche se pasea, es muy puta, vieja o fea
Mujer que quiera a uno solo, y banqueta para dos,/ no se hallan en Guanajuato ni por el amor de Dios
Mujer que sabe latín ni tiene marido ni tiene buen fin
Mujer recatada, mujer deseada
Mujer y carta cerrada, abiertas no valen nada
Ni a puerta que te han cerrado, ni a mujer que te ha olvidado
Ni mujer de nalga dispuesta, la mente te engañe charlando con seducción
Ni buscarlas si se han ido, ni echarlas si no se van
Ni cabalgues en potro, ni alabes a tu mujer a otro
Ni de estiércol buen olor, ni de puta buen amor
Ni fea que espante, ni bonita que atarante
Ni las feas están seguras cuando el hombre las procura
No busques para casarte mujer que pueda humillarte
No compres caballo de muchos fierros ni te cases con muchacha de muchos novios
No hay mujer que no lo dé, sino hombre que no lo sabe pedir
No hay mujer tan buena como la ajena
No hay puta sin medalla ni pendejo sin portafolio
No medies en la cuestión, si marido y mujer son
No te cases con mujer de manos grandes, pues todo le parecerá poco
No te cases con mujer que te gane en el saber
Ojo alerta con la moza y con la puerta
Pa’ comer y pa’ coger no hay tontos ni cansados
Palabra de mujer ni vale ni un alfiler
Palos de amor no duelen (éste a lo mejor necesita explicación)
Para el mal de amores no hay doctores
Para librarse de faldas hay que quitarlas o alzarlas
Para no ser infeliz, evita cualquier desliz
Para qué las cortas verdes si maduras caen solitas (éste no parece refrán, sino consejo)
Para tener cien yernos no es necesario tener cien hijas
Peras y viudas caen de maduras
Por el besar, comienza la doncella a resbalar
Por favor te abrazan y quieres que te aprieten (éste tampoco es refrán, pero es divertido)
Preferible caer en los brazos de una mujer que en sus manos
Quien en mujer confía, confía aquél en ladrones
Quien con mujer bella casa, de su honra se descasa
¿Quieres conocer a Inés? Vive con ella un mes (éste tampoco es refrán, pero también es divertido)
Quieres hacerte amar, date a desear
Secreto dicho a mujer, secreto deja de ser
Ser tan poco el amor y que se vaya en celos (no es refrán, y tiene muchas variantes)
Sexo sin amor, flor sin perfume
Si es doncella, dígalo ella
Si la vaca fuera honesta, no tendría cuernos el toro
Si no hay calor en el nido, lo busca fuera el marido
Sin contar a la mujer, lo más traidor es el vino
Solitas bajan al agua sin que nadie las arree (tampoco es refrán, pero es muy hermoso)
Sólo una cuenta tienen que llevar las mujeres, y ésa siempre la pierde
Tanto tiempo de atolera y no saberlo menear
Tetas de mujer tienen mucho poder
Va la moza al río, y cuenta lo suyo y lo mío
Vecina: bocina
Yo que se lo proponía, y ella que lo apetecía (éste tampoco es refrán, pero sí ilustrativo)

Aunque hay parecidos, están ausentes varios; cito dos: uno, en las redacciones de los periódicos: ¡Con estos bueyes hay que arar! Y uno de los muchos mencionados por Salvador Novo, y que dijo en ocasión del enamoramiento fugaz de un amigo por una italiana: ¡Bendito sea Dios que hay ganchos que en cualquier clavo se atoran!

Hace una semana Juan Gabriel Castro decidió retirarse luego de 17 temporadas, no todas completas, en las Ligas Mayores. Manos de Oro, le decían sus compañeros; alguna vez sus coequiperos lo nombraron el Mejor Relevista del equipo, aunque era short stop o tercera base o camarero; no se quedó un día sin chamba; ya es asistente especial del manager general de la organización, y estará encargado del desarrollo de los jugadores jóvenes; se une a otros mexicanos que desempeñan ese puesto, o uno similar, en las organizaciones de las Mayores, como Mario Mendoza, Juan Navarrete, Rubén Amaro y Jorge Orta. A George Brett le achacaron calificar a los bateadores con porcentajes bajos como la “Línea Mendoza”; no fue él, sino otros; Brett, por el contrario, decía que Mario Mendoza, que bateaba .210, con su fildeo equivalía a que bateara.400, y señalaba que él, Brett, hubiera sido el último bateador de .400 de no haberse topado con el guante mágico de Mario Mendoza, quien se lo impidió con grandes atrapadas. No hay que olvidar que el jugador mexicano es fino; los matalotes han durado poco, se apagan rápido y sólo dan de qué hablar mal.
Y por cierto, ciertos primeras bases (Pujols, Filder, Kornerko, Howard) desentonan con la descripción de cómo debían ser los inicialistas: altos, delgados, fuertes, elegantes (Lou Gerigh, Stan Musial, Keith Hernández, Joe Pepitone, Willie Clark, Steve Garvey), inteligentes y desdichados en su vida personal; pero el beisbol tiende a regresar a sus raíces: ya short, segundas y jardineros centrales han dejado de ser matalotes.

Llevamos un mes, y ya parece que vamos saliendo, nomás falta lidiar con los dinosaurios que no quieren dejar de serlo; pero asombra y enaltece la reciedumbre de Mónica, y reconfortan y enorgullecen los amigos dispuestos a todo. Y vale repetir el final de la autobiografía de Sainz citando a Stevenson: ¿De qué puede enorgullecerse un hombre si no está orgulloso de sus amigos?


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