¿Cómo, cómo, cómo?

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Lo dijo primero Elvis Presley y lo repitió muy poco después Roy Orbison; aquél, en “Now or Never” (con música de “Torna a Sorrento”); el segundo en “Pretty Woman”, sin ningún rodeo: “Be mine tonight”; antes que Presley, Buddy Holly anuncia con más elegancia pero más contundencia: “That´ll Be the Day”, y casi al mismo tiempo que Orbison, Paul Anka cantó “Tonight, my love, tonight” (como diciendo “hoy toca”, como el del chiste de la convención de sexólogos; en traducción, Alberto Vázquez fue más repetitivo: “esta noche, mi amor, esta noche mi amor”; lástima que el resto de la canción sea tan inocuo, sin la malicia de Anka “kiss me kiss me kiss me warm, let me feel like I be born”); por esos mismos años el mundo se estremeció con la alegría de Tony por María expresada en “Tonight” y “Maria” de West Side Story (“Today the minutes seem like hours, the hours go so slowly, and still the sky is light, Oh moon, grow bright, And make this endless day endless night” / “I’ve just kiss a girl name Maria, and never be the same again…”).

No son metáforas, son la enunciación del amor físico en un mundo y una cultura que culminaba la era de una vida precipitada, en la que la certidumbre de la muerte propiciaba una prisa por entregarse; en las biografías de los músicos ingleses nacidos en los años cuarenta abundan quienes fueron de padres desconocidos, de soldados estadounidenses que salieron precipitadamente al término de la guerra sin conocer a los hijos que engendraron, sino muchos años después, cuando los vástagos ya eran famosos; en los siguientes años vieron nacer la era del amor, el “amor libre” que, en labios de los personajes del cine mexicano, era sexualidad sin compromiso, “el sexo sin boda” que cantó muchos años después un sobreviviente extemporáneo de los cincuenta y sesenta, Joaquín Sabina.
La canción mexicana, entendida como la que se hizo o se popularizó en México, en la XEB y en la XEW (aunque algunas se hayan escrito en Venezuela, Colombia, Puerto Rico o Cuba) pocas veces fue tan directa, pero abundaron las metáforas; parte del siglo XIX y casi todo el XX hubo versos alusivos, frases insinuantes, muchas veces con picardía, para hablar del amor físico, de la entrega momentánea (“entrega inmediata”, califica Pedro Infante a su romance con una empleada de correos en Dos tipos de cuidado), de los cariñitos de un instante, a veces del autoerotismo, a veces de la infidelidad, o de la promiscuidad (“Cien mujeres han pasado por mi vida”; cien es el número de esposas, queridas, segundos frentes que le calculan tanto a Pancho Villa como a Emiliano Zapata); los expertos hablan del amor infeliz y del amor desdichado como categorías superiores de la canción popular, pero en ellas caben muchas subcategorías que, como en la entrega anterior, enumeraré de una manera arbitraria, porque los autores son muchos y todos respetables; al incluirlos no los califico de perversos; sólo hay que recordar los casos de censura que impedía decir las cosas por su nombre, como el muy conocido de Lara (“aunque no quiera Dios”) o el no demasiado conocido de “renuncio a Dios, porque al tenerte yo en vida”); hubo otra censura, o autocensura, que disimulaba tratando de evadir la censura no oficial que de cualquier manera se ejercía en las radiodifusoras o en las televisoras; ésas, que permitieron en cambio tanto doble sentido de Tin-Tan, Óscar Pulido, Clavillazo, Infante, Negrete y sus guionistas, que dijeron lo que quisieron y que ni Gobernación ni las ligas de la decencia entendieron. Hay quien dice que tampoco lo entendieron los compositores; me niego a creer que no sabían lo que estaban diciendo. Y eso que no recurro a los despropósitos causados por la pobreza gramatical con que por lo regular están escritas muchas canciones: “como aberrante viviré”.
No hay ninguna hipocresía en la canción que rememora Pancho Conde Ortega, sabio en demasiadas materias: “Como un perro”, de Severo Mirón, en la voz de Chelo Silva, pero también en la de María Victoria: “Por tener la miel amarga de tus besos, hoy se tiene que arrastrar mi dignidad; por piedad, por compasión, no me desprecies; me moriría sin tu amor, no me abandones. No, por Dios, no te me vayas, te lo ruego; que la vida como un perro pasaré; sin hablarte, sin llorar, sin un reproche; siempre tirado a tus pies, de día y de noche” (Severo Mirón, periodista, compositor, locutor, es autor de varias canciones que merecerían más popularidad, como “Vieja, pobre, flaca, fea” –“ojalá te vea, me reiré de ti”– aunque su vida privada haya sido violenta y sórdida); no hay duda de que Severo Mirón hablaba de un amor ilícito; como ilícito es el relatado por otro periodista, Ramón Inclán, “Aún se acuerda de mí” (“Aún se acuerda de mí, aún me tiene cariño, y una carta recibí en que reclama mi olvido. Aún se acuerda de mí, pero qué noble querer: yo no merezco su amor, merezco más su rencor, y aún se acuerda de mí. Reniego ahora de toditos mis agravios, de la dicha que yo siempre le he causado”; en esta obra, la rima es traicionera y hace pensar en las consecuencias de la adolescencia apresurada). A continuación, algunas de esas frases entresacadas, pero no descontextualizadas, de varias canciones mexicanas. Hay entre los autores algunos cuya fama se ha desvanecido, otros que quedaron anónimos, pero muchos de los más renombrados compositores, justamente por estar entre los mejores, como mis muy admirados Rubén Fuentes y Alfonso Esparza Oteo. Y desde luego, José Alfredo Jiménez y Cuco Sánchez, aunque cabe la sospecha de que entre sus muy hermosas frases, no en todas estuvieron muy conscientes de lo que decían y de lo que daban a entender.
“Me conformo aunque sea con un tantito; sería tan bonito, cariñito, estoy bien seguro que después me pedirías de mi amor otro poquito”; “Cuando sientas el calor de otras caricias, mi recuerdo ha de brillar donde tú estés”; “Quiero que conozcas [a] mucha gente, yo quiero que te besen otros labios para que me compares”; “Esta noche con la luna te vas a pasear conmigo, aunque le parezca mal al bueno de tu marido”; “Ya te he dicho que no siembres las uvas en el camino, porque pasa el pasajero y corta el mejor racimo”; “Quisiera ser gato verde para entrar por tu vidriera, para estarte acariciando antes de que amaneciera”; “Pregúntale a las estrellas si por las noches me ven llorar; pregúntales si no busco, para adorarte, la soledad”; “Bonitos modos los que tiene pa’ querer, que por ahi dicen que a mí me robó el placer”; “Las dichas ajenas fueron los testigos de todas las penas que pasé por ti”; “La culpa tienen los hombres que burlan a las mujeres; esta canción que te canto se llama ‘al cabo no puedes’”; “Al ver tu pecho de amor henchido ser tuyo siempre fiel te juré… ¡Ay, cuantas veces la luz del día nos sorprendió…!”; “Quiero ser otra vez el que inquiete la paz de tus sueños”; “A l’ora quiasté sabe la’spero en la barranca montado en la potranca pa’ darnos al amor… Nomás allá se lo haiga si trai al chilpayate, y a l’ora quiste sabe comienza a maloriar”; “La novia que espera temblando de amores”; “Allí donde yo amé con febril locura, allí donde me amaron por vez primera, donde tuvo su cuna un idilio breve…”; “¿Yo pa’ qué quiero amores que sean fingidos? ¿Yo pa’ qué quiero amores que tengan dueño?”; “Dime si ya no me quieres para no volverte a ver… yo no soy el primer hombre ni tú la primer mujer”; “Yo no voy a tu ventana porque no puedo treparme, mejor ábreme la puerta pa’ que veas que sí se montar… mi caballo tordillo corriendo por las veredas, con un moño en el morrillo échame un torito fuera”; “Y aunque otro quera cortarla yo la divisé primero, y juro que he de robarla aunque tenga jardinero; yo la he de ver trasplantada en el huerto de mi casa, y si sale el jardinero, pos a ver, a ver qué pasa”; “El amor para que dure debe ser disimulado… Indita, por un trabajo me cobraste cuatro reales; indita no seas tan cara, yo puse los materiales”; “Y en la orillita de un río, a la sombra de un pirul; su querer fue sólo mío una mañanita azul. Y después en la piragua nos fuimos a navegar, ¡qué lindo se movía el agua cuando yo la volví a besar!”; “Quiero ser chofer de tu automóvil y agarrar las curvas de bajada”; “Cuando me aprietan bailando yo me siento sofocar; pero si bailo con Pepe, con Pepe no siento na’; y no es que Pepe no apriete sino que sabe apretar”; “Me ofreciste acompañarme desde la iglesia a mi choza; pero como no llegaste tuve que venirme solo”; “Ya me embriagué con otro hombre, ya no soy Naela para ti”.
La canción ranchera también está llena de referencias al amor físico, acompañado del amor sentimental; donde hay más traiciones, más mancornadoras, y más presunción de donjuanismo. Veamos unos pocos ejemplos:
“Dame la mano, morena, para subir a tu nido; no duermas sola, duerme conmigo”; “Se te olvidaba que el maguey sabía lo que juraste en nuestra noche, y que a su modo él también podría recriminarte con un reproche. No sé si creas las extrañas cosas que ven mis ojos, tal vez te asombren; las pencas nuevas que al maguey le brotan, vienen marcadas con nuestros nombres”; “Rumbos y amores distintos ando en el mundo probando; ya ves mancornadora, y a qué te supo ese trago”; “Las caricias que me hacías son las que se me revelan que estoy contigo, que me estás acariciando”; El cariño comprado ni sabe querernos ni sabe ser fiel”; “Al encontrarme un amor le digo véngase usted, y al rato digo pos no, que no se puede”; “Ya me diste cariño, ya me diste ternura, ya me hiciste feliz; ya después de tus besos y de tantas caricias qué me importa morir”; “No te guardo rencor, yo sé que el dinero cubre los anhelos de tu corazón”; “Eres linda, eres bonita, lástima que seas tan loca, eres como las campanas, todos llegan y te tocan” (en los sesenta Brigitte Bardott cantó, en español “eres chiquita y bonita lástima que seas tan loca, pareces guitarra fina que cualesquiera te toca” con un sabor insuperable); “Para mí la pulpa es pecho y espinazo la cadera; si se larga con cualquiera, que les haga buen provecho”; “Y sé que noche con noche va creciendo más y más”; “Dame más amor, pero más y más; quiero que me beses como tú me besas y después te vas”; “Una gallina variada empolló un guajolotito; eso sucede a menudo con cualquier animalito”; “Ya ves que no es lo mismo amar que ser amado”; “Deja que caiga la noche pa’ que empiece nuestro amor…”; “Las muchachas de hoy en día son como la tuna blanca, cuando ven un peso duro, vámonos pa’ la barranca”; “tengo el pelo completamente blanco, pero voy a sacar juventud de mi pasado… ya verás lo que vas a aprender cuando vivas conmigo”; “Qué bonito entregarse todito completo”; “tú no sabes que por maje me hicieron guaje”; “Me la quiero llevar pa’ mi casa, pa? cantarle y pa? darle la lata”; “Me he de comer un durazno desde la raiz hasta el hueso, no le hace que sea güerita, será mi gusto y por eso… La voy a ver, le voy a hablar, para un asunto particular”; “Cuando dijiste tú adoro este momento, cuando te tuve en mí, en mí pero muy dentro”; “Pues los amores que me entretienen como las olas del mar van y vienen”; “Ni tú ni nadie arrancarán de mi alma los besos que te di; los besos, las caricias y tantas otras cosas que presenció la noche que te entregaste a mí”; “Tengo miedo de buscarte, y de encontrarte, donde me aseguran mis amigos que te vas”; “Ojalá que mi amor no te duela”; “Acaba de una vez, de un solo golpe”; “Quiero que sepas que al verte ajena mi falso orgullo se doblegó”; “¿Quién es ese amigo que ayer te tenía abrazada? Pero, ay qué caray, qué retraidora mujer”; “Cuando estés en los brazos de otro hombre y te creas la más consentida, espero en Dios que te maten dormida, por infame y traidora a mi amor”; “Como soy hombre formal no me gusta tener una, me gusta tener de a dos por si se me enoja alguna”; “Yo me casaría contigo, primero por lo civil”.
Y qué decir de los chachachás.

Nosotros tenemos la culpa. ¿Cómo creímos en quien por tradición pertenece a una tribu de megalómanos, mitómanos, oportunistas, infieles? Debimos haber hecho caso a lo que dice Faulkner: “Hay que confiar en los malos, nunca cambian” (ni las mosquitas muertas).

El domingo no hubo blanqueadas en las Ligas Mayores, pero nueve juegos terminaron con diferencia de una o dos carreras. Ayer lunes otros nueve con diferencia de dos o menos carreras; y de tres blanqueadas, dos por 1-0. Éste es más “Año de Pitcheo” que el “Año de Pitcheo”.

Ahi la llevamos, ahi la llevamos.

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