Diccionarios divertidos I

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Una de las críticas más constantes que hizo Raúl Prieto a la Real Academia de la Lengua Española y a su Diccionario fue la actitud de sentirse el centro del universo, en cuanto a las acepciones que daba a algunas palabras, como las muy famosas “día” (tiempo que tarda el Sol en darle vuelta a la Tierra), “juicio” (cualidad del alma para distinguir entre el bien y el mal) y otras que consideraban al hombre como la creación suprema, a la religión católica como la única verdadera, y al socialismo como una doctrina que “suponía” beneficios para la colectividad, y al comunismo como una práctica que quería abolir el derecho a la propiedad privada.
Aunque se ha atenuado, no ha enmendado su posición etnocentrista, y a España como la poseedora de la pulcritud del idioma español, aunque su hablar cotidiano esté lleno de solecismos (“voy a por agua”, que incluso acata y recomienda Álex Grijelmo), y sea incapaz de pronunciar futbol, chofer y coctel (los pronuncia imitando el inglés y el francés), y de encontrar una palabra adecuada para lo que llaman “aparcar” (como estacionarse, pues) y al suéter, al que llaman jersey, con jota, o pijama, también con jota.
Pero hay que volver a la actitud pudibunda del idioma; se supone que contamos oficialmente con dos mil quinientos adjetivos más o menos divididos en cerca de 350 categorías; el adjetivo, dice la Gramática de la RAE, es una “clase de palabras [sic] que modifica al sustantivo aportándole muy variados significados”; con más sencillez, el adjetivo califica; si pensamos en los relatos de Borges, no hay muchos más de cien adjetivos, y todos son justos y adecuados; hay algunos ensayistas mexicanos que parecen usar todos en sus trabajos, por breves que sean (a cierto crítico le encontramos en uno solo, en que hablaba de una estatua de Pancho Villa cabalgando, 201 adjetivos, y eso que su artículo no pasaba de las dos cuartillas). Hasta hace poco era costumbre que los libros, las acciones e incluso las personas merecían, cuando se les mencionaba, tres adjetivos, que por lo regular eran sinónimos, o a veces hasta antónimos.
Cierto, es difícil usar el adjetivo; podría decirse que es arduo, porque muchas veces es inadecuado, y otras porque es anticuado; encontrar el certero es casi imposible, y entonces hay que hallar uno atractivo, o cuando menos novedoso, y que no sea inapropiado por ofensivo o por ambiguo. Para encontrarlo, lo menos apropiado es el Diccionario de la Real Academia, porque carece de una lista que nos ayude a localizarlo; es mejor el Ideológico de Casares, lástima que esté tan agotado, como tampoco puede hallarse el de Corripio, que tan buenos diccionarios tiene, aunque con frecuencia demuestre lo mal que usamos, no sólo el adjetivo, sino el idioma todo.
Por ello es de celebrar que exista Los adjetivos de la lengua española. Obra didáctica, de Honorato Colmenares, que en 106 páginas registra casi todos los adjetivos, y la manera de usarlos. Lo único malo es que, al contrario del Diccionario de Mexicanismos que acaba de acometer la Academia Mexicana de la Lengua, que se regodea, y parece que se excita, al enumerar las palabras soeces y los calificativos que denigran y las palabras que insinúan actos lascivos, Colmenares evita usar ciertas palabras, y sólo las registra para recomendar que no se utilicen (Corripio, por el contrario, registra 28 sinónimos para “puta”, más otros que están bajo otras denominaciones aunque sean igualmente sinónimos).
Lo más notorio es la actitud llena de prejuicios, que a la larga revelan un pensamiento que se ha modificado totalmente; me permito transcribir algunos de ellos, con todo y las frases ejemplares, aunque no con el significado, que es obvio.
Gringo: me enamoré de una preciosa muchacha gringa; Innato: la facultad intelectual es innata en el hombre; Núbil: Aplícase a la joven que ya puede contraer matrimonio; Viejo o senil: por interés se casó con un hombre senil; Racional: sólo el hombre es animal racional, los demás son seres irracionales; Intelectual: para llegar a ser un hombre intelectual se requieren talento y cultura; Comprensivo: mi esposa es comprensiva; Incomprensivo: su madre es una mujer incomprensiva; Ignorante: marido ignorante de la infidelidad de su esposa; Galante: Galante no es aplicable a una dama honesta; Grosero: individuo grosero, mujerzuela grosera; Sinvergüenza (este adjetivo rechaza el plural y cuando califica a dos o más personas las palabras yuxtapuestas deben separarse y decir: abundan las mujeres sin vergüenza que exhiben sus cuerpos desnudos –o bien usar el sinónimo “desvergonzadas”); Verecundo: la verecunda mujer rompió la revista erótica; Pudendo: las bailarinas impúdicas muestran al público sus partes pudendas; Casto, púdico, pudoroso, pudibundo: casta mujer, púdica doncella, beata pudibunda; Impúdico: actriz impúdica; Libertino; es una mujer libertina; Concupiscible: mujer concupiscible; Lascivo, salaz, lujurioso, libidinoso, lúbrico: al verla desnuda se avivó más mi apetito libidinoso; Ardiente, cachondo, caliente: hombre cachondo, mujer ardiente; Copulador, fornicador: Sátiro, sinónimo de hombre lascivo no es adjetivo sino sustantivo; Fácil, galante, cortesana, liviana, casquivana: son adjetivos que se emplean eufemísticamente para no usar el más crudo de mujer pública ni los nombres sustantivos prostituta, ramera, piruja, etc.; heterosexual: las personas normales son heterosexuales; Lesbiana: existen mujeres lesbianas por anomalía innata y por depravación; Misógino: los hombres misóginos no son homosexuales; Desdeñoso: mujer desdeñosa; Desventurado: su matrimonio fue desventurado; Resignado: es una mujer paciente y resignada; Airado: que mueve a ira o es producido por la ira, pero en expresiones como “mujer de la vida airada” se relacionan con la prostitución; Malicioso: es una mujer maliciosa; Jactancioso, vanidoso: la mujer suele ser vanidosa; Encopetado (altivo y presumido): damas encopetadas; Codiciable, apetecible: mujer apetecible; Coqueta (aplícase a la mujer que busca agradar y atraer a los hombres): una esposa sólo debe ser coqueta con su marido; Antipático: suegra antipática; Desabrido (que carece de sabor o tiene poco o lo tiene malo): mujer desabrida; Excéntrico (que es fuera de lo común [como en otros casos, Colmenares se limita: excéntrico es quien no pertenece a un círculo o mafia]): persona excéntrica; Infiel: mujer infiel; Perjuro: mujer perjura.
Podría seguir, pero los ejemplos son repetitivos. Parece confirmar la queja de que el idioma es misógino, pues muchos adjetivos son elogiosos para el hombre y denigrantes para la mujer (hombre público, mujer pública, y muchos más); Colmenares es ejemplar al respecto: la mayoría de los adjetivos que destacan de manera positiva son para el hombre, y la mayoría de los que atacan, denigran y descalifican, son para la mujer. Y el diccionario no es tan antiguo: apareció en 1979.

II
Dicen los académicos que ya se extendió y popularizó la palabra “váteres”; no sabemos en dónde se popularizó, y por qué la Academia lo adopta si existen retrete, excusado o, más pudoroso, escusado, pero Tomás Barrio, en su Diccionario de barbarismos, neologismos y extranjerismos, lo reprueba: “wáter: anglicismo por escusado, retrete” (ni siquiera registra váter, acaso porque es característico de España pronunciar la w como u, y en América Latina como u, y como creen que 40 millones son más de 400). Barbarismo, dice el DRAE, es una incorrección que consiste en pronunciar o escribir mal las palabras, o en emplear vocablos impropios, o un extranjerismo no incorporado totalmente al idioma; un extranjerismo es una afición desmedida a costumbres extranjeras, y voz o frase o giro que un idioma toma de otro extranjero, y neologismo es el uso de vocablos o giros nuevos; sólo en el primer caso acepta que se trata de una incorrección, aunque antes condenaba el uso sobre todo de los extranjerismos y de los neologismos; aceptaba que se usaran siempre y cuando no hubiera en el corpus un vocablo que pudiera utilizarse en vez de esas voces. Por ejemplo, con qué jícamas se sustituye “chip” sin que suene ridículo. Ahora el DRAE es más permisivo, más tolerante, y más incorrecto, si hacemos caso a don Tomás; veamos unos cuantos casos: zacate sólo es admisible en Guatemala y México; en los demás países es “césped”; para el DRAE es hierba o pasto o estropajo para fregar; progresista es un barbarismo por progresivo, mientras que para el DRAE es “dicho de una persona, de una colectividad, etc.: con ideas avanzadas, y con la actitud que esto entraña”; propensión es “acción y efecto de propender”, pero Barrio lo condena por ser un barbarismo por predisposición; relajo es desorden, falta de seriedad, barullo. “Holganza, laxitud en el cumplimiento de las normas; degradación de las costumbres; broma pesada; dicho o gesto obsceno”. Barrio dice que es barbarismo por “relajación”, pero son las acepciones para el DRAE. Decir, como dije, América Latina o Latinoamérica es un barbarismo por Hispanoamérica; decir América vs Guadalajara es también un barbarismo y lo correcto es decir adversus; son barbarismos, extranjerismos o neologismos “adjudicación”, “acolchonado”, “actualidad” (por oportunidad), “alpinismo”, “apelativo”, “cachemir”, “boom” por auge y “auge” por apogeo; “coludirse”, “lupa”, y muchas otras que asombra que se hayan evitado; y eso que no vio don Tomás Barrio el uso de “desmarcar” por desligarse, “no se vale” por impropio o ilegal o inconveniente, “mensajear” y otras que están de moda y que posiblemente dejen de estarlo en unos cuantos meses.
Éstos son dos diccionarios harto divertidos, lástima que ya no circulen.

¿Cómo le hará don José María Blecua para combatir lo que defendió con ardor en su Gramática Española?

http://errataspuntocom.blogspot.com/

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