FaceBook en la pantalla grande

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De acuerdo a la sección de prensa de la página oficial, Facebook tiene más de 500 millones de usuarios y es considerada una de las redes sociales más usadas en el mundo, por no decir la más utilizada. Es bien sabido que ésta página Web se ha convertido en todo un fenómeno social e, incluso, en una herramienta importante de publicidad para muchas empresas. Hoy en día, todas las grandes marcas estàn inmersas en las redes sociales y tienen su página oficial en Facebook y en Twitter.

Por ello, no es de extrañar que Aaron Sorkin adaptara para la pantalla grande el libro The accidental billionaires (Billonarios por accidente), de Ben Mezrich; reportaje en forma de novela que narra la creación del famoso sitio Web y la fundación de la compañía. Es a partir de ese guión que David Fincher realiza La red social (The social network, 2010).

Por supuesto, como muchos han señalado (especialmente las personas reales involucradas en la historia), la película es imprecisa y se tomó muchas licencias para alterar y agregar hechos que no necesariamente ocurrieron. Sin embargo, no olvidemos que por eso se trata de una película de ficción y no de un documental, por lo que estos cambios son necesarios para crear un drama y transmitir mensajes y emociones específicos.

Quienes son usuarios de Facebook, especialmente si conocen de antemano un poco de la historia detrás de la creación del sitio, rápidamente reconocerán elementos importantes dentro de la página Web (cuando su fundador se inspira para agregar el dato “situación sentimental”, por ejemplo) y los hechos que llevarían del hackeo a la red de Harvard hasta los problemas legales que acompañarían al crecimiento de la compañía.

Es probable, por otro lado, que aquellos que jamás han entrado al sitio ni conozcan su funcionamiento o sus propósitos no comprendan algunas referencias. Además, a lo lago del filme se usan términos económicos, legales y de programación que necesariamente acompañan a la historia.

Sin embargo, no por ello la película deja de ser interesante, pues las cuestiones que plantea son otras y abarca temas más allá de los que interesan sólo a los usuarios del sitio. De hecho, el desarrollo de la red social más conocida a nivel mundial es únicamente un pretexto para contar una tragedia específica: la del inadaptado social.

El personaje principal, Mark Zuckerberg (Jesse Eisenberg), comparte con los genios computacionales (y cualquier otra clase de genio) una característica que les ha dado fama: es un ególatra que menosprecia el intelecto y los logros de los demás, adjudicándose todo el crédito en cada ocasión y admirando a pocos que no sean él mismo o que piensen como él. Es precisamente esa actitud la que provoca las demandas, su tragedia personal e, indirectamente, la creación de Facebook.

Además de este tema de soledad, la película exhibe también a la nueva élite empresarial, joven, menospreciada por los adultos y que, sin embargo, comprende mejor que éstos las nuevas tecnologías y la manera en que cambian al mundo de los negocios. Esto sirve de ejemplo para remarcar un hecho: para ser millonario hoy en día se requiere ser creativo, conocer a fondo la informática y manejar muy bien los negocios (lo cual generalmente implicará cortar algunas cabezas).

Por otra parte, la película contiene varios componentes que refieren al público joven (aunque la película no necesariamente se dirige a ellos): exponer la creación de un sitio Web que está de moda entre adolescentes; la vida de los increíblemente jóvenes fundadores de una empresa multimillonaria; los constantes desafíos a la autoridad y a los adultos; las actuaciones y ambientación en general de la película (y la presencia de Justin Timberlake, ídolo de la música pop, como el gurú y amigo de Zuckerberg, Sean Parker) que consiguen crear la atmósfera de fiesta y diversión que muchos en sus mocedades disfrutan o desean.

La música también ayuda a generar esa sensación de juventud y dinamismo, con notas que llegan a recordar un club nocturno y la velocidad de la vida citadina. Ésta fue compuesta por Trent Reznor, responsable de Nine Inch Nails, quien junto a Atticus Ross crea un sonido electrónico que encaja adecuadamente con la historia y los personajes.

Además, la película comparte en esencia una estructura similar a muchas comedias para adolescentes: el chico nerd consigue hacerse popular, para luego traicionar y abandonar a sus antiguos amigos nerds. La diferencia radica no sólo en el formato, sino en el final.

El filme es muy dinámico y contiene numerosos juegos con el tiempo que representan un vaivén entre las reuniones con los abogados durante las demandas y el recuerdo de los hechos que llevaron a esa situación. De hecho, con sus cortes rápidos y veloz tránsito entre un momento y otro completamente distinto, uno difícilmente ve venir el final que, en los últimos minutos, disminuye el acelerado ritmo. El movimiento de la película podría compararse al de un joven revisando el perfil de Facebook de una exnovia: click, perfil, click, relación sentimental, click, fotos, click, amigos en común, etcétera.

La película cuenta con buenas actuaciones: Jesse Eisenberg consigue crear un convincente genio y geek de la computación quien habla y piensa a una velocidad impresionante, y permanece serio aún cuando hace bromas.

La producción y la dirección son excelentes (un dato curioso es que Kevin Spacey fue el productor ejecutivo del filme), como suele ocurrir en el cine de David Fincher, autor de la celebérrima Club de la pelea (Fight club, 1999).

De todas las películas del director, probablemente la más cercana a este último trabajo sea Zodiac (2007), pues no sólo se basan ambas en hechos reales, sino que las dos en ocasiones saturan de información y confunden al espectador. Pareciera que Fincher tiene problemas para discriminar información cuando se trata de adaptar hechos reales a la pantalla grande.

Sin embargo, esto no es un problema mayor, además de que el director en esta ocasión corrigió un error que cometió en Zodiac: combinar esa abundante información con un desarrollo lento.
La red social es un buen trabajo cinematográfico, con gran apoyo de la crítica, aunque sigue sin superar al Club de la pelea. Pero, sin duda, es una película que vale la pena ver, aunque usted nunca haya usado Facebook.

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