Abel: El niño-adulto que salva al cine mexicano

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Un niño en estado similar a la catatonia permanece internado en un hospital psiquiátrico hasta que su madre (Karina Gidi) convence a su doctor para demostrar, durante una semana, que es mejor para el infante estar en casa con su familia que llevarlo a un hospital en la Ciudad de México.

Pero cuando Abel (Christopher Ruíz-Esparza) regresa a casa con sus dos hermanos, Selene (Geraldine Alejandra) y Paúl (Gerardo Ruíz-Esparza), el pequeño decide tomar el papel del único miembro de la familia que hace falta: el padre. Las cosas se complican aún más cuando Anselmo (José María Yazpik) llega al hogar para competir por el mismo puesto.

La cinta trata un asunto que se sale de los estereotipos del cine mexicano, que suele abordar temas como la violencia, la pobreza, el sexo, las drogas y la corrupción dentro de las instituciones (a veces todos esos combinados). En su lugar, Diego Luna decidió hablar del abandono infantil, de los niños que se hacen adultos antes de tiempo y de cómo las familias, que creen bucar lo mejor para sus hijos, pueden llegar a agravar aún más los daños.

La nueva cinta mexicana, que ha batido récords de taquilla (dado el pequeño número de copias y la gran cantidad de boletos vendidos en las salas de cine), ha alcanzado reconocimiento en poco tiempo. Son ya famosos los dos minutos de aplausos que recibió la película en el Festival de Cannes. También se ha comentado sobre lo personal que es este trabajo (su primer largometraje de ficción) para el director, Diego Luna.

Es por ello que la excelente actuación de Christopher Ruíz-Esparza implica también un reconocimiento a la dirección de Luna, quien supo trabajar perfectamente con el pequeño y su hermanito (en la vida real y en la película), Gerardo.
De hecho, las actuaciones en general son bastante creíbles, pero es impresionante y conmovedor ver cómo Christopher consigue en verdad hablar y comportarse como un pequeño adulto; en ocasiones, por el lenguaje que emplea, no sólo parece el papá, sino hasta el abuelo.

La música y la fotografía, por otro lado, no son especialmente llamativas, pues repiten formatos que ya se han visto en el cine nacional, y aunque funcionan bien dentro del trabajo en su conjunto, podrían describirse más bien como sobrias.

Sin duda, Abel es una película que vale la pena ver, pues es quizá la mejor película mexicana que se haya visto últimamente y, dado los estrenos que se acercan (muchos referentes al bicentenario de la independencia de México), probablemente será lo mejor que veremos durante un buen rato.

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