No es por hablar bien de nosotros…
Realmente, de la que se perdieron. El viernes tuvo su bautizo, confirmaciÛn y presentaciÛn en sociedad MÈxico y el beisbol, el libro que escribÌ con Diego MejÌa Eguiluz, editado a fines de octubre y que est· a la venta en la direcciÛn de la ADABI.
Tuve que ver con la elecciÛn de los presentadores; habÌa muchas posibilidades y opciones, de escritores y ensayistas a los que le gusta el beisbol, que podÌan haber escrito textos adecuados, ingeniosos, enjundiosos, entusiastas y crÌticos; de hecho, uno de nuestros mejores amigos no pudo aceptar la invitaciÛn porque debÌa someterse a una cirugÌa.
Los tres propuestos, y que aceptaron, fueron Marco Antonio Campos, Marco Antonio Pulido y Marisol Schulz; explicarÈ por quÈ los invitamos a ellos; en lo general, porque esper·bamos textos excelentes que invitaran a los asistentes a que leyeran el libro; tambiÈn, porque sabÌamos que no tendrÌan, como no lo tuvieron, ning˙n reparo en seÒalar errores, erratas y equivocaciones; que sus textos dejarÌan ver el cariÒo y la amistad, pero que hablarÌan del libro, m·s que de sus autores.
En lo particular: Marco Antonio Campos tiene una sÛlida obra, tanto en la narrativa como en poesÌa, y ˙ltimamente ha destacado por sus investigaciones sobre la vida literaria mexicana del siglo XIX, y sus ensayos est·n entre los mejores de los ˙ltimos tiempos, por su claridad, su gracia y su contundencia.
Nos conocemos hace muchos aÒos, desde que colabor·bamos ambos en El Heraldo Cultural, mal valorado suplemento que dirigÌa Luis Spota; coincidÌamos los lunes, cuando Ìbamos a cobrar lo publicado y a entregar la siguiente colaboraciÛn; los temas que trat·bamos eran diferentes; Èl, con su erudiciÛn, abordaba los aspectos literarios de los escritores que le interesaban, y que ya entonces eran muchos, a los que traducÌa y explicaba; yo abordaba temas m·s populares, sin que me interesaran menos los suyos, ni sin que Èl leyera los mÌos con m·s interÈs del que creÌa; por ello, me invitÛ a varias entrevistas radiofÛnicas, a mesas redondas, en dos de las cuales colaborÈ en su elaboraciÛn: la novela policial (me encarguÈ de invitar a los participantes), y un homenaje a Sergio Galindo, y cuyas ponencias fueron publicadas en La Palabra y el Hombre, revista de la Universidad Veracruzana; asimismo, me invitÛ m·s de una vez a que charlara con sus alumnos, y sobre todo sus alumnas, en la Universidad Iberoamericana; por la cercanÌa del deportivo donde hacÌa sus ejercicios, con mi casa, m·s de una vez me visitÛ, brevemente, pero por lo general para entregarme la m·s reciente de sus publicaciones; todas tienendedicatorias beisboleras. Aunque no lo ha confesado p˙blicamente, es uno de los m·s grandes apasionados del beisbol y, como JosÈ AgustÌn y Gerardo de la Torre, lo practicÛ con la misma fuerza y contundencia que sus crÌticas literarias; adem·s jugÛ la tercera base, algo que nunca pude hacer y que respeto porque para ser antesalista se necesita valor, decisiÛn y, sobre todo, el mejor brazo del equipo.
Marco Antonio Pulido es tan tÌmido que ha ocultado que est· incluido en El cuento mexicano del siglo XX, de Emmanuel Carballo, al lado de JosÈ Revueltas, JosÈ Emilio Pacheco, JosÈ de la Colina, Julio Torri, Juan JosÈ Arreola; tampoco relata que fue Èl el responsable de que se trasmitiera en MÈxico Yo, Claudio, la teleserie basada en la novela de Robert Graves, en una Època en que no se permitÌa ni esa tem·tica ni las escenas provocativas con que inicia el programa; fue uno de los responsables de la colecciÛn SepSetentas, y sus artÌculos en Contenido no sÛlo marcaron una Època en el periodismo mexicano (entrevistÛ al Chamaco Sandoval, el ghost writer de AgustÌn Lara), sino que han representado un reto para sus sucesores; Èl descubriÛ, y reeditÛ, el primer cuento mexicano de ciencia ficciÛn; pero en el ˙ltimo tercio del siglo XX se dedicÛ a editar libros; fue el encargado, entre otras muchas cosas, de la colecciÛn La Ciencia desde MÈxico, del Fondo de Cultura EconÛmica, adem·s de corregir cientos de libros y de traducir algunas decenas. Mi admiraciÛn por su desempeÒo editorial lo plasmÈ en una columna dedicada a los mejores editores del siglo XX, que publicaba a la semana en el viejo Uno m·s uno.
No sÛlo fue un testigo privilegiado del beisbol mexicano desde su niÒez; naciÛ en 1937, pero vio jugar a Roberto Ortiz (el cubano), a Theolic Smith, a RamÛn BragaÒa, a MartÌn Dihigo, en el viejo Parque Delta; despuÈs, a los mejores mexicanos de la Liga Mexicana de Beisbol en su sede del Parque del Seguro Social; tambiÈn lo practicÛ hasta tiempos muy recientes, con muchÌsimo sentido del humor, sobre todo cuando narraba sus ñescasosñ ponches; pero, como lo hizo Ted Williams, conectÛ un cuadrangular en su ˙ltimo turno al bat, aunque explica que ìI canít help itî: ìme lanzÛ una recta r·pida, a la altura de la cintura, por el centro del homeî. TrabajÈ con Èl en el FCE por seis aÒos, y casi todos los dÌas ñcuando no estaba comisionado en alguna imprentañ coment·bamos los resultados del dÌa anterior, y me platicaba sus experiencias, como testigo o como actor; salÌ de la empresa hace 20 aÒos, pero nos hemos seguido viendo, una vez a la semana, y en la cantina hemos visto hasta juegos de Serie Mundial, adem·s de que sus anÈcdotas son muchÌsimas y divertidas, y de que lee cosas extraÒÌsimas que desmenuza con acierto.
Marisol Schulz, en cambio, no ha visto un juego completo, sÛlo medio juego en la Liga Maya, que fue lo que duraron sus hermanos en su carrera en el beisbol; en cambio es una de los mejores elementos en la industria editorial latinoamericana; nom·s pa que se den un quemÛn, hace no muchos aÒos fue la ˙nica invitada en una comida entre Carlos Fuentes, Gabriel GarcÌa M·rquez y JosÈ Saramago; la habr·n visto en el programa de libros Domingo Siete, y habr·n oÌdo sus comentarios llenos de erudiciÛn, pero tambiÈn de sencillez.
Juntos hicimos una colecciÛn memorable coeditada por el CIESAS, donde ella estaba encargada de las publicaciones, y yo por parte del FCE; poco tiempo despuÈs entrÛ a Alfaguara, donde ha estado desde hace casi 20 aÒos menos un parÈntesis en que dirigiÛ Plaza & JanÈs; gracias a ella he participado en siete de los m·s recientes libros de Carlos Fuentes, m·s algunos otros tÌtulos; entre ellos, Rito de iniciaciÛn y DeclaraciÛn de fe, los dos libros pÛstumos de Rosario Castellanos; otras amistades con quienes he colaborado o trabajado no se enojar·n si digo que trabajar con Marisol es un placer insuperable, porque combina rigor con diversiÛn.
Diego ha trabajado con los tres; Marco Antonio Campos irrumpiÛ en una comida (yo, con Marco Antonio Pulido y Miguel Capistr·n; Èl, con Luis Chumacero y Bernardo Ruiz) para decirme que si estaba consciente de que Diego es mejor editor que yo; lo dijo despuÈs de que editaron un libro juntos; con Marco Pulido no sÛlo ha compartido sesiones inolvidables (lo conoce desde que Diego tenÌa 15 aÒos) en la cantina, en restaurantes, sino que han trabajado en algunos libros, entre otros El juego perfecto, preciosa y emotiva remembranza de los PequeÒos Gigantes de Monterrey; Marisol fue su jefa en Alfaguara, y una de sus mejores amigas.
No por ello le temÌamos menos a los tres, porque anteponen el rigor a la amistad.
Nos trataron muy bien. Marco Antonio Campos agradeciÛ los recuerdos que le trajo el libro, su pasiÛn por los Diablos Rojos (aunque se abstuvo de confesar cÛmo le hizo para admirar a Beto ¡vila, porque la ˙nica temporada que Èl lo vio Bobby jugÛ con los Tigres); nos elogiÛ la objetividad y la buena escritura, gracias a las cuales no descubriÛ cu·les eran nuestros equipos favoritos; jugÛ un poco de trivia y recordÛ los jugadores a los que admiraba; nos reprochÛ que llam·ramos a los pioneros del beisbol mexicano organizado como ìinmortales, superhÈroes y simples hÈroesî, pero no le revelamos que nos est·bamos planchando el tÌtulo de un libro estadounidense en que califican asÌ a los beisbolistas, porque en este deporte, decimos en el libro, no hay un solo hÈroe, y cada jugador lo ha sido cuando menos una vez en su carrera, algo de lo que no puede mucha gente presumir en la vida real, ni siquiera por 15 minutos; le dedicÛ unas palabras a los cronistas (cosa que no nos atrevimos a hacer Diego y yo), con tanta ironÌa como homenaje, y le gustÛ que nos refiriÈramos a los prohombres del beisbol mexicano sin exagerar sus virtudes ni ocultar sus exageraciones. Nos sentimos muy complacidos, aunque no hablemos de todo lo que dijo, porque como Èl mismo afirmÛ, no se puede poner todo.
A Marco Antonio Pulido el libro le sirviÛ para recordar cuando entraba pagando el precio mÌnimo en las gradas del jardÌn central y luego se pasaba, aprovechando la escasa vigilancia (øno serÌa mejor decir ìgenerosa?), atr·s de home (lo hicieron tambiÈn Campos y lo sigue haciendo Diego; yo lo hice sÛlo una vez), y recreÛ con palabras certeras el ambiente en el Delta, los jugadores que llegaban al parque despuÈs de pasar la noche en la delegaciÛn por haber participado en una bronca; a los pitchers que ponchaban a los bateadores con una bola que parecÌa iba a la cabeza y pasaba por el centro del plato; hablÛ de los apodos de los jugadores, de los nombres que parecÌan apodos, del ambiente en las tribunas, y algo de su experiencia como jugador defendiendo (ìes un decirî, dijo) el uniforme del Fondo de Cultura EconÛmica hasta que se acabÛ el apoyo, y las autoridades del deporte capitalino desbarataron los diamantes de beisbol para crear m·s canchas de futbol o de futbol r·pido; no es por hablar bien de nosotros ni porque hayamos estado presentes, pero tambiÈn fue elogioso con nuestro trabajo y nuestra prosa.
Marisol Schulz dijo que recibiÛ la invitaciÛn como si hubiera sido una broma, achacada a Diego, y luego su presiÛn para hacer un texto, coacheada por RamÛn CÛrdoba para entender algunos de los tÈrminos que usamos los beisbolistas para comparar el juego con la vida real; ella se fijÛ en otros detalles: la inserciÛn del beisbol en la historia de MÈxico, cÛmo lo han afectado las crisis, cÛmo han incidido los movimientos sociales, polÌticos y econÛmicos en el deporte (desde luego, ha sucedido con todas las actividades, pero nos detuvimos en el beisbol) desde mediados de los aÒos veinte hasta la temporada del 2009, las implicaciones culturales; en fin, ver el beisbol con los mismos ojos con que vemos la literatura, el cine, la polÌtica, la vida misma; hizo una lectura diferente, asÌ como nosotros presumimos de haber escrito un libro completamente diferente; aprobÛ la prosa, ella, que es una catadora exigente, y elogiÛ que el libro se lea con interÈs y sin pausas, casi de una sentada; para escribirlo, Marisol utilizÛ una prosa bella, puntual, graciosa; tampoco dejÛ de reprocharnos, no la pasiÛn, sino que en tantos aÒos de amistad hayamos sido incapaces, creo que ya no a partir de ahora, de inculcarle la pasiÛn por este deporte. Un texto muy hermoso.
Al hecho de que fuera en viernes, de quincena (no para todos) y principio de puente, se aunÛ la megamarcha que paralizÛ parte de la ciudad y convirtiÛ a la otra en estacionamiento; sin embargo, nos acompaÒaron m·s de 60 asistentes; amigos, compaÒeros de trabajo, familiares, pero muchos otros aficionados al beisbol que se deleitaron, en la medida que se lo permitieron las circunstancias, con las tres ponencias magistrales.
Del libro, su hechura, sus tropiezos, sus circunstancias, hablarÈ en la siguiente entrega. Gracias a los tres.
M·s de Lalo MejÌa en http://errataspuntocom.blogspot.com/

