Casi un siglo con Gabriel Vargas
Nonagenario, incansable pinta-monos, creador de la cÈlebre historieta mexicana La familia BurrÛn, Gabriel Vargas Bernal nunca imaginÛ que sus historias y dibujos trascendieran las p·ginas del cÛmic para provocar estudios sociolÛgicos, an·lisis sem·nticos, compendios de la caricatura mexicana, asÌ como innumerables entrevistas. Impresa desde la dÈcada de los aÒos cuarenta del siglo pasado -con millones de ejemplares vendidos-, la famosa Familia BurrÛn, espera llegar a sumar la historieta n˙mero cinco mil, junto con el centenar de personajes, entre ellos Borolas y don Regino, quienes tal vez alg˙n dÌa, como lo propusiera Carlos Monsiv·is, lleguen a formar parte del Museo de la Historieta Mexicana Gabriel Vargas. El caricaturista autor de la palabra ìdescuajeringueî, y de otras tiras cÛmicas aceptÛ conversar con ZÛcalo acerca de su vida personal y profesional de casi un siglo.
Un dÌa, al salir del periÛdico perdÌ la memoria, narra con asombrosa lucidez, a sus 90 aÒos, el caricaturista Gabriel Vargas.
De repente, escuchÈ un silbido muy agudo en mi cabeza y, ya no supe como me llamaba. Eso sucediÛ como a la una y media de la tarde y durÛ hasta las diez de la noche. No reconocÌa ni el dinero. Fui caminando sin rumbo. Me sentÈ en una banca del JardÌn de San Fernando hasta que, de pronto, al oÌr de nuevo el zumbido volvÌ a tener conciencia.
AprovechÈ entonces para tomar un taxi e ir a la casa. Cuando me atendiÛ el doctor me dijo: Corriste con mucha suerte porque hay personas que ya no recuperan jam·s la memoriaî.
A pesar de las advertencias del mÈdico, Vargas continuÛ trabajando hasta 20 horas diarias. Su cÈlebre historieta La familia BurrÛn -que se publica ininterrumpidamente desde la dÈcada de los 40 hasta la fecha-, llegÛ a un tiraje semanal de medio millÛn de ejemplares. Eso valiÛ para que el coronel JosÈ GarcÌa Balseca, dueÒo en ese tiempo de El Sol de MÈxico y El Esto, le encargara una treintena de tiras cÛmicas distintas, para publicarlas en cada uno de los rotativos de esa cadena periodÌstica.
Como el caricaturista no podÌa cumplir con tan abrumadora carga de trabajo, y conciente de la crisis de salud reciÈn sufrida, GarcÌa Balseca dispuso la contrataciÛn de 70 dibujantes para que lo apoyaran, y le pidiÛ a Vargas que se tomara unas vacaciones con cargo a la empresa. AsÌ, recorriÛ durante un mes varios estados del paÌs. Pero, sin perder contacto con sus dibujantes a quienes les dictaba telefÛnicamente los argumentos de las historietas.
ìAÒos despuÈs, y con ese ritmo de trabajo intenso, caÌ en el hospital. Fue una embolia que me dejÛ inutilizados el brazo y la pierna derecha. Recuerdo que, a pesar de hallarme semi-inconsciente, escuchaba al mÈdico decir a mi esposa: ëGabriel ya no se aliviar·. Va a quedar como una planta. Ya no podr· hablar ni moverse, resÌgnateíî.
TenÌa apenas cuatro aÒos de haberme casado nuevamente, luego de enviudar y procrear dos hijos.
El doctor Javier PÈrez de Salazar le anticipÛ a Lupita (Guadalupe Appendini, su esposa) que, en cualquier instante, podrÌa morirme. Pero, aquÌ me tienen vivito y coleandoî. En pocos dÌas, el periodista gr·fico, entonces de 65 aÒos, logrÛ articular palabras y pudo caminar.
ìPor las noches, como no conciliaba el sueÒo, Lupita, me auxiliaba a leer en voz alta. Esos ejercicios ayudaron a recuperar el habla. Antes de irse al periÛdico, decÌa: ëViejito, no vayas a levantarte de la cama por nada del mundo, el doctor lo advirtiÛ, esos esfuerzos pueden costarte la vida, el corazÛn est· muy dÈbilí. Sin embargo, no hacÌa caso. Un dÌa quedÈ tirado debajo de una macetaî. A la fecha, contin˙a trabajando con entusiasmo y dedicaciÛn, pero sÛlo de once de la maÒana a las 16 horas. La segunda etapa de La familia BurrÛn, que comenzÛ el 15 de septiembre de 1978, se imprime en su propia editorial G y G (iniciales del nombre de su esposa y del suyo) con un tiro de 20 mil ejemplares semanales.
Adem·s, regresÛ al periodismo y en ExcÈlsior, publica todos los domingos una tira cÛmica titulada Circo, maroma y teatro. En los ˙ltimos veinte aÒos se ha cumplido el vaticinio hecho por uno de sus colaboradores, ya que de los 16 ilustradores que trabajaban con Èl, sÛlo sobrevive su sobrino AgustÌn. ìUn dÌa, cuando yo estaba todo dado al cu·s, se reunieron conmigo mis dibujantes. Uno de ellos dijo: ëSabes Gabriel, te vemos tan enfermo, tan dado al diablo y, a pesar de que est·s tan flaco, que pareces mosco, estoy seguro que t˙ nos vas a enterrar a todosíî.
Vargas Bernal naciÛ en Tulancingo, Hidalgo, el 5 de febrero de 1915. ìComo fuimos doce hijos, mi mam· nos festejaba el dÌa de nuestro respectivo onom·stico pues, siempre se hacÌa bolas con los cumpleaÒosî. Su padre, VÌctor Vargas y Vargas, acaudalado comerciante, recorriÛ a caballo la Huasteca repartiendo mercancÌas que llevaba por cientos en una recua de ochenta mulas.
ìEn el rancho -heredado de mi abuelo, un peninsular de car·cter dominante, tambiÈn hombre de negocios, muy riquillo- tenÌamos unas bodegas enormes llenas de comestibles. Cuatro hombres de su confianza le cuidaban las espaldas. Uno de ellos Amador Ayala, era el mandam·s de los arrieros. Siempre que viajaba por la sierra, mi padre regresaba a la casa quej·ndose de un terrible dolor de garganta. Una ocasiÛn, dijo de buenas a primeras: ëMe voy a operar de una vez pero, no en MÈxico, aquÌ mismo, en mi casaí.
Como tenÌa mucho dinero mandÛ acondicionar una rec·mara con lo necesario para un quirÛfano.
El dÌa de la operaciÛn reuniÛ a todos sus amigos para celebrar. Recuerdo que entrÛ en el comedor para anunciarnos que se iba a la mesa de operaciones. DespuÈs de media hora, saliÛ asustadÌsima una de las enfermeras, diciÈndonos que mi pap· habÌa muerto, tenÌa 39 aÒos.
No sÈ quÈ hicieron los mÈdicos. Fui el ˙nico de mis hermanos que me abracÈ a su cad·ver. Uno de mis hermanos mayores vino corriendo con una pistola y, entre varios de los invitados, lo tiraron al suelo y lo desarmaron, querÌa matar a los doctoresî.
Retrato de familia
ñ øCÛmo saliÛ adelante su madre con doce hijos?
ñ Mi padre muriÛ sin testamento. Al poco rato nos venimos a la Ciudad de MÈxico. Durante varios aÒos vivimos de lo que le debÌan a Èl. Muchos le hicieron una gran sinverg¸enzaza y se esfumaron sin pagar sus deudas; otros, los m·s honrados, fueron pagando, poco a poco. Mi madre, Josefina Bernal, trabajÛ despuÈs para darnos sustento. Apenitas llegamos a la capital, mi mam· rentÛ una vivienda en el n˙mero 50 de Moneda, en el Centro HistÛrico. A los cuantos meses, nos mudamos a Jes˙s MarÌa y luego a la colonia Industrial, a la calle ExcÈlsior. En aquellos dÌas, la Ciudad de MÈxico contaba apenas con unas cuantas barriadas por donde transitaban destartalados y chirriantes camiones.
Predominaban las vecindades atestadas de niÒos que correteaban por el enorme patio.
Las tÌpicas pulquerÌas, los billares y los bulliciosos mercados p˙blicos, con sus apetecibles fonditas econÛmicas. En las callejuelas, todavÌa empedradas, deambulaban los pregoneros: el ropavejero, el afilador de cuchillos y tijeras, la vendedora de chichicuilotitos vivos, sin faltar el cilindrero y la banda pueblerinaî.
Esa fue la ciudad donde viviÛ el caricaturista, y que retratÛ primero, en Los Superlocos, con su cÈlebre personaje JilemÛn Metralla y Bomba, un diputadillo atrabiliario, maÒoso y pendenciero.
DespuÈs, en La familia BurrÛn, con don Regino, hombre de nobles sentimientos, sumamente responsable y muy serio, dueÒo de la peluquerÌa ìEl Rizo de Oroî; doÒa Borola Tacuche, dicharachera y rete .estera, que se pavonea ante los dem·s, como sÌ fuera de la alta sociedad; sus hijos el Tejocote, Macuca y Foforito, hijo del pepenador Susano Cantarranas, quien fue tomado en adopciÛn por los BurrÛn.
Todos ellos habitantes del callejÛn del Cuajo, n˙mero chorrocientos chochenta y chocho, vivienda que en su momento estuvo a punto de ser derrumbada y que fue defendida, a capa y espada, por la noble y aguerrida familia. Estos personajes suman sus anÈcdotas en m·s de tres mil episodios, de la cÈlebre historieta publicada desde 1948. Entre otros de los 52 monos de Gabriel Vargas, no menos chuscos y pintorescos, recordamos a Ruperto Tacuche, Boba Licona, Briagoberto Memelas, Bella Bellota, Cristeta Tacuche, JuanÛn Teporochas, La Divina Chui, Avelino Pilongano, Gamucita Pericocha (viuda de Pilongano), DodÛ CucuruchÈ e Imeldo Cascajo.
ñ øCÛmo surgiÛ La familia BurrÛn?
ñ Mi amigo cubano, el escritor Armando Ferrari, creador de la radionovela Anita de Montemar, me sugiriÛ hacer una historieta que tuviera como protagÛnico a una mujer con rasgos pintorescos. Se me ocurriÛ hacer a Borolas, inspirado en una seÒora que conocÌ.
Era una mujer sumamente mandona, alta de estatura, de pechos muy turgentes, que parecÌa toda una cantante de Ûpera y su marido, un abogado chaparrito y de poco car·cter, que en realidad se llamÛ don Regino y que le hacÌa los mandados a su seÒora.
Eso se me quedÛ muy grabado y por eso decidÌ crear a estos dos personajes. Les puse los BurrÛn, porque me pareciÛ chusco. ImaginÈ a alguien que trabaja como bestia, como un autÈntico burrÛn. PensÈ en nombres chistosos que no fueran ofensivos. De pronto, se me ocurriÛ la palabra descuajeringue, para referirme a las peripecias o llamar tlaconetes a los hijos de los BurrÛn. TambiÈn las frases ìse le cansÛ la burraî o ìcomo chile deshebradoî.
En mi juventud habÌa historietas muy sosas, con unos cuantos protagonistas, siempre los mismos y en iguales escenarios como Pancho y Ramona, cuya trama se desarrollaba invariablemente en su hogar. Para cambiar, los saquÈ de ese estrecho cÌrculo, y por eso hice muchos personajes, cada uno con su propia forma de ser y de pensar. Antes, yo era un dÌnamo inventando nombres y creando historias diferentes y chuscas, sin recurrir a las majaderÌas, ni a los albures. Siempre he sido enemigo de las palabrotas.
ñ øTodavÌa tiene usted motivos de inspiraciÛn en nuestros dÌas, para crear nuevos argumentos de La familia BurrÛn, hoy que ha cambiado el panorama urbano de la Ciudad de MÈxico y ante tanta violencia social, narcotr·fico y corruptelas polÌticas?
ñ Esto ha existido toda la vida. MÈxico siempre ha sido igual de revoltoso. La C·mara de Diputados y la de Senadores han sido desde hace aÒos un circo, donde los legisladores nada m·s se la pasan payaseando.
Constantemente yo tengo que contar. Por eso leo mucho, desde los periÛdicos para enterarme de las noticias y varios tipos de libros. Toda la vida he disfrutado leer. øSabe?, cuando estaba a punto de pasar a segundo de primaria, el maestro me pasÛ directamente a tercero. SabÌa m·s, gracias a que compraba unos libritos de una editorial argentina que traÌan datos de historia, geografÌa y de muchas cosas. Me las aprendÌa y sorprendÌ a mis maestros con esos conocimientos. No leÌa cuentos infantiles como los dem·s chiquillos. LeÌa a los cl·sicos griegos, los grandes descubrimientos y las travesÌas. Un dÌa me dijo el director que deseaba hablar con mi mam·. Me asustÈ mucho. CreÌ que me iban a expulsar.
Al dÌa siguiente se encerraron en la direcciÛn durante mucho rato. Hora y media despuÈs me llamaron. Me dijo el director: ëMira Gabriel, el seÒor es funcionario de EducaciÛn P˙blica y tanto Èl, como los maestros, y yo estamos de acuerdo que pases de primero a terceroíî.
°No ser·s un pinta monos!
Adem·s, de ser toda ìuna lumbreraî en la escuela, don Gabriel destacÛ como ingenioso dibujante. En quinto aÒo de primaria ganÛ el segundo lugar, en un concurso de dibujo organizado por la Embajada de JapÛn y al aÒo siguiente, participÛ en otro certamen, esta vez convocado por el entonces Departamento de Tr·nsito Capitalino, con un monumental dibujo trazado en tres cartulinas, donde aparecÌan cinco mil .figuras distintas, minuciosamente delineadas a tinta china.
Los apuros econÛmicos de la familia Vargas, impidieron que Gabriel continuara sus estudios.
A la secundaria sÛlo acudiÛ unos cuantos dÌas. Su mam·, a pesar de reconocer el talento de su hijo, en m·s de una ocasiÛn le advirtiÛ:ìNo quiero que termines gan·ndote la vida como pinta-monos, recuerda que tu padre siempre quiso que todos sus hijos estudiaran una carrera universitaria y que viajaran por todo el mundoî.
La primer puerta que tocÛ en busca de trabajo remunerado fue la del maestro Juan OlaguÌbel, jefe de los Talleres de Dibujo de la SecretarÌa de EducaciÛn P˙blica. Poco despuÈs, apoyado sobre un restirador ilustrÛ, como un maestro, la Catedral Metropolitana, mostr·ndosela (a OlaguÌbel) en cuanto la terminÛ. Deslumbrado por esos trazos tan precisos, le sugiriÛ que fuera a buscar al secretario de EducaciÛn. Al momento en que se dirigÌa presuroso a las oficinas del funcionario, vio que un hombre de finÌsimo traje cafÈ descendÌa de un lujoso automÛvil; supuso que se trataba del secretario y de inmediato lo abordÛ.
AtÛnito, aquel elegante seÒor, el doctor Alfonso Pruneda, por esos dÌas director de Cultura del Instituto Nacional de Bellas Artes, se detuvo para ver Èl la ilustraciÛn. El funcionario escribiÛ en el acto un mensaje dirigido a la madre para rogarle que acudiera a verlo y, la mujer, sin entender bien de quÈ se trataba, aceptÛ acompaÒar a Gabriel.
Pruneda hablÛ con entusiasmo del talento del joven dibujante y propuso enviarlo como becario a estudiar pintura y dibujo en Francia. La seÒora aceptÛ emocionada pero, Vargas quien era buen hijo, para no dejar desamparada a su madre, rehusÛ la beca y pidiÛ, en cambio, apoyÛ para trabajar como dibujante en el periÛdico ExcÈlsior.
A los trece aÒos, el autor de Los Superlocos, ingresÛ en el periÛdico ganando tres pesos semanales y haciendo ilustraciones para diversos suplementos.
En ExcÈlsior realizÛ durante doce aÒos la secciÛn ìSopa de Pericoî. Sus primeros dibujos fueron totalmente formales.
Mariano MartÌnez, su jefe inmediato, lo apoyÛ como un padre. Al poco tiempo, la editorial Panamericana, encabezada por el coronel JosÈ GarcÌa Balseca, convocÛ a un concurso para contratar a los mejores del paÌs.
Vargas sabÌa que la pugna serÌa reÒida pues, entre otros, participarÌan Rafael Freyre, Alfredo Valdez y el propio Mariano MartÌnez. El primer lugar del concurso obtendrÌa diez mil pesos. Para sorpresa suya, ganÛ Èl y GarcÌa Balseca le ofreciÛ empleo pag·ndole mil pesos a la semana, a cambio de crear una historieta. Apenas tenÌa 16 aÒos cuando fue nombrado jefe del Departamento de Dibujo del periÛdico El Sol de MÈxico, donde trabajÛ treinta aÒos, para regresar en la dÈcada de los setenta a ExcÈlsior. Adem·s de los BurrÛn, don Gabriel creÛ entre otras tiras cÛmicas: La vida de Cristo, Sherlock Holmes, Pancho LÛpez, El gran Caperuzo, Los chi. Ados y Los del doce.
Su brillante trayectoria como dibujante le ha valido numerosos reconocimientos: Premio Nacional de Periodismo, en 1983; la Medalla JosÈ Vasconcelos, en 2003. Fue designado ìHijo EmÈrito de Tulancingo, Hidalgoî, es adem·s, miembro de la Sociedad de GeografÌa y EstadÌstica; apenas en 2004, el Servicio Postal Mexicano emitiÛ una estampilla para honrarlo en vida. Carlos Monsiv·is ha propuesto la creaciÛn del Museo de la Historieta Mexicana Gabriel Vargas.
ñA todo esto que nos cuenta, don Gabriel øquÈ le falta por hacer?
ñNo sabrÌa que responderle. Nunca tuve la pretensiÛn de hacerme famoso y ganar dinero a manos llenas. Ahora, sÛlo le pido a Dios que me dÈ lucidez suficiente para escribir m·s historietas de La familia BurrÛn, °Quien quita y llegue a los cinco mil n˙meros!


Oigan ya visite muchos sitios web y mencionan que los BurrÛn viven en el callejÛn del cuajo numero chorrocientos CHOCHENTA y chocho. Nunca leÌ tal cosa ellos viven en el n˙mero CHORROCIENTOS CHOCHO. Pregunten a don Gabriel Vargas.
La informaciÛn de Wikipedia es muy buena, excelente. La ˙nica imprecisiÛn es esa: ‘chochenta’, otra minima lo del motor de la lavadora, es el motor de la LICUADORA lo que utiliza Borola.
Creo que nos hace falta tomarnos una ‘polla con cuarenta huevos a cada cuarto de hora’ pa’l caletre. Asi lo aconseja la ciencia. Pregunten a don Gabriel…
Realmente me deja sorprendido la vida de Don Gabriel, siempre me ha gustado leer la familia burron, la conoci porque en mi casa la compraban, seria al principio de los aÒos 70 cuando la lei yo tendria 7 aÒos de edad y siempre esperaba que la comprara mi papa cada semana, ahora la compro porque a mis hijas tambien les gusta la revista esos capitulos de la vida cotidiana de la Ciudad de MÈxico llevados a la tira comica por Do Gabriel. Capitulos que me hacian reflexionar sobre mi pais. Tenia tiempo que no sabia de Don Gabriel hasta hoy que encontre este sitio de supermexicanos.
Saludos a los que hacen posible este sitio y saludos muy especiales a Don Gabriel Garcia donde queira que se encuentre, gracias.
Atte.
Miguel Perez Alvarado