Tin Tan y García Riera,dos leyendas juntas / I

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Por Eduardo Mejía

Emilio García Riera

Emilio García Riera

Emilio García Riera es el historiador casi oficial del cine nacional; su Historia documental del cine mexicano, en sus dos ediciones, es consulta obligada para tener un panorama más o menos completo del ámbito en que se filmó y se estrenó cualquier cinta (hasta 1976), la recuperación del momento histórico (incluso aclaración de algunos chistes que ya no se entienden), y una visión crítica, si bien parcial, sobre ciertos directores.

Aunque es parcial, es importante; entre sus méritos están el reconocimiento de algunos directores no especialmente elogiados por otros comentaristas, como Fernando Méndez o Gilberto Martínez Solares; una evaluación justa de Ismael Rodríguez; la apreciación de ciertos momentos de Rogelio González; la recuperación de Fernando de Fuentes; tomar en serio a Pedro Infante, a Manolín y Schillinsky; la exaltación de la belleza femenina y sus momentos más sensuales, y una valoración de figuras que no se tomaban en cuenta, como Lilia Prado.

Si es más riguroso en la primera versión, en la segunda es más divertido y es más expresivo en su exaltación del erotismo en las actrices del cine mexicano; en cambio, es totalmente maniqueo y no oculta ni sus preferencias ni sus rechazos, que aunque los lectores compartieran, él como historiador no tenía derecho a obviar, como las cintas de Viruta y Capulina (error subsanado en la segunda versión, y se da el caso de que hasta se divierte con alguna escena, y hasta llega a ser ólevementeó elogioso, aunque no deja de echar puyas a quien le hizo ese reclamo en los años setentañyo, para más señas); en el tomo 18 de la segunda versión hay rectificaciones, complementos y añadidos, y omite, en su complemento a cierta cinta, el nombre de quien observó en una cinta el contexto histórico, que años después tuvo especial significado (yo, por más señas).

Más parciales, y más plenas son sus biografías-filmografías de ciertos cineastas (Emilio Fernández, Raúl de Anda, los hermanos Soleróa quienes ataca en la Historia documental, elogia en Del cine a la TV y vuelve a atacar en la segunda parte de la Historia documentaló; es elocuente en filmografías comentadas de otros cineastas, como Howard Hawks, Max Ophs.

Fue especialmente elogioso, y hasta condescendiente, con Germán Valdés Tin Tan; le otorga una categoría de superioridad frente a actores en su época reputados, y califica ócomo debe seró las cintas sin añadir epítetos de cómica o humorística, y la ve con toda la seriedad posible.

Ahora, sus herederos en la Universidad de Guadalajara, siguiendo sus instrucciones y en múltiple coedición con el Patronato del Festival Internacional de Cine en Guadalajara, la Cineteca Nacional, la Universisas Veracruzana y el Corporativo de Empresas Universitarias edita Las películas de Tin Tan (2008, 238 páginas; pero apenas se consigue, como cada año, gracias a la Feria del Libro de Minería), que es la reunión de todas las reseñas y comentarios incluidos en la segunda versión de la Historia documental del cine mexicano, con unos muy pocos añadidos, y en el caso de actuaciones especiales o en las muchas cintas donde Valdés ya no era la estrella sino que estaba a la mitad del reparto, omite el comentario de la cinta y se constriñe a la actuación de Tin Tan, con lo que el volumen, en vez de ser aumentado, es disminuido.

Lo nuevo son la presentación, la introducción y la nota biográfica, con algunas pequeñas erratas y uno que otro párrafo no muy claro; sobresale la reafirmación de García Riera de que fue él el primero en resaltar las cualidades de El rey del barrio (lo que es cierto, aunque también apareció en una época en la que ya era muy elogiado y no sólo entre los cineastas ñvéanse por ejemplo las declaraciones de Alberto Bohórquez en la revista Siete, en 1972, donde afirmaba que no nada más “las primeras, sino hasta El capitán Mantarraya” eran muy dignas y divertidasó, sino entre el público). Sin embargo, es de llamar la atención que aunque en la introducción García Riera afirma que El rey del barrio es la mejor película de Valdés, y lo confirma en la ficha de la cinta, dos veces se contradice cuando afirma lo mismo de Ay, amor, cómo me has puesto y de El revoltoso; lo curioso es que en los tres casos tiene razón.

Es de lamentar que García Riera ya no haya tenido fuerza o deseos de actualizar y ampliar sus comentarios, sobre todo de las películas principales, y que no haya recalcado el hecho de que Tin Tan tuvo unos inicios prometedores, una etapa culminante no tan breve, pero sí una larguísima decadencia interrumpida no tanto por alguna buena película, sino por momentos extraordinarios, pero aislados y tan espaciados que acentúan el periodo de flaquezas.

Y es de lamentar que no haya ampliado sus comentarios, porque deja pasar escenas significativas, en varios aspectos: el de “fauno besucón” que admira a las mujeres (que es de lo que más resalta García Riera), y otros en que pareciera referirse a sustancias si no prohibidas por lo menos ocultas por la sociedad antes de que muchos hicieran gala de su consumo, como ahora algunos diputados.

A riesgo de repetirme demasiado (tanto de páginas de Baúl de recuerdos como de algunos escritos en este mismo blog), hago un breve recuento de lo omitido por el crítico:

En El hijo desobediente, Cuca la Telefonista dice que se sienta “con una, porque la otra me la mordió un perro”; en Con la música por dentro, el cocinero le pregunta a Tin Tan si es “el nuevo pinche”, a lo que Tin Tan responde titubeante e inseguro: “no, no”; en otra escena, entra a la casa donde Marga López se asoma a la escalera , con la bata abierta, y muestra las piernas; Tin Tan exclama: “°qué puerta!”; al principio de Músico, poeta y loco, Marcelo ve salir de la vidriera donde trabaja Tin Tan a Conchita Gentil Arcos, quien se ha recargado en una vitrina y se le pega en el trasero un letrero: “se vende”; Marcelo la observa, sopesa, y hace ademán de no aceptar la oferta; posteriormente, cuando Tin Tan da una clase de música, una alumna pregunta por un instrumento, y se refiere como “pitito”, a lo que Tin Tan guarda un silencio aprobatorio (por cierto, García Riera dice que el cómico estaba bien dotado en muchos aspectos ósic); en esa larga escena, las alumnas cruzan y descruzan las piernas, y una de ellas muestra las pantaletas; es de suponer que se trata de Meche Barba, quien las vuelve a mostrar al bailar un swing.

En Calabacitas tiernas (a la que no le añade el subtítulo “Ay qué bonitas piernas”) es Rosita Quintana quien las muestra al bailar un boggie boggie con Ramón y Germán Valdés; aparentemente es la única cinta donde muestra las pantaletas; Quintana también aporta dos frases: “ya ve lo que le pasa por comer tanto y tan seguido”, y al besar a Valdés, una frase que repite éste en varias cintas: “°más mezcla, maestro, o le remojo los adobes!”; al final de la cinta, una Quintana disfrazada de bebé muestra generosamente las piernas. Pero no son los únicos que se lucen: el Che Reyes, agobiado por las deudas, se sale de la oficina a tomar aire, “una jaiba en chilpachole”; Quintana se queja de lo mandado que es Tin Tan y Reyes, tomándole la mano, le pregunta: “øy te asustaste mucho, nena?”

Es de hacer notar que en varias ocasiones Tin Tan se dirige al público; es un truco al que recurre con frecuencia el director Gilberto Martínez Solares, como hace Fernando Soler en Mi querido Capitán.

En Soy charro de levita, cenan en una fonda Carmen Molina, Marcelo óquien se embriaga con cervezasó y Valdés, quien ordena “mas frijoles, unas cerbatanas bien elodias y unos cigarros amapolas”; posteriormente pregunta varias veces a Marcelo que de cuál fumó, o le pide que ya no fume de “eso”.

En El rey del barrio hay varias escenas “transgresoras”; en la tienda donde cambia el traje de ferrocarrilero por el de gángster elegante, ve cómo unos animales disecados se mueven, por lo que tira el cigarrillo que lleva en los labios; advierte que otro animal se mueve, y aplasta con fuerza el cigarrillo; cuando alerta a Silvia Pinal que si sigue tan orgullosa y no recibe su ayuda, se va a perder, como le pasó “a mi prima”; ella reclama que lo que quiere es que se pierda pero con él, primero protesta pero luego se le ilumina la expresión y exclama “°qué buena idea!”; finalmente la rescata cuando ella tiene que trabajar de fichera; cuando están en una mansión para pintar y asaltar, abre una puerta, y es de sospechar que hay una mujer desnuda, porque recibe una bofetada; por un instante sopesa volver a abrir la puerta, pero se contiene; en la fiesta de cumpleaños de su supuesto hijo, le pica el ombligo a una invitada (øAlicia Téllez Girón?), ante los celos de Pinal.

Son escenas escondidas, que no tienen que ver con la trama, pero que retan a la censura, oficial o no, y más que nada guiños al espectador. En la siguiente entrega completaremos con varias más que García Riera pasó por alto.

El autor: Lalo

Eduardo Mejía, periodista, escritor y recolector de minucias trabaja en la editorial de la Universidad Veracruzana* al lado de Sergio Galindo y del corrector Arturo Serrano.** Coleccionista de autógrafos célebres, dedicatorias memorables y alguna que otra manía espistolar, además de poseer toda suerte de libros raros y descontinuados, guarda en la segunda fila de sus apretados libreros cualquier libro firmado por mujer. “Es una manera de ordenarme” dice con un tono misóginamente sarcástico que se dibuja en su expresión barbada[Ö] Lalito tiene el vicio de jugar a la trivia y resultar vencedor: “øQué placas tenía el coche de Jorge Negrete*** en la película Fulana, en qué página del libro Sutano dice salir fuera?”. Son algunos de los ejemplos de su archivo personal. *Después de esta nota, aparecida en la columna De persona a persona, de Myriam Moscona el 13 de enero de 1985 en La Jornada, he trabajado en el FCE, Contenido y desde 1993 en El Financiero. ** Arturo era distribuidor. *** En realidad era de Pedro Infante: øCuál es el número de las placas del auto que compone Pedro Infante en El inocente mientras canta “La verdolaga”, de Fuentes y Cervantes?.

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