El Piporro

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Adiós a El Piporro

Por Antonieta Mercado

septiembre de 2003El Piporro

El Coloso de Rodas no rodó y el Partenón no se partió, pero Eulalio González “Piporro” ya nos dejó. Estudiante frustrado de Medicina, contador titulado sin ejercer, periodista, cómico y actor, cantante que llegó al alma del pueblo. El Piporro murió el pasado primero de septiembre, a los 81 años, su edad real. Su edad comercial fue 50 años y su edad funcional 30, según él. En estos días se han escrito semblanzas enteras sobre su vida y su obra y muchos que desde niños escuchábamos sus pícaras interpretaciones norteñas, hemos lamentado su deceso.

Ranchero del rancho y norteño del norte, con su incursión en Internet, con su página personal www.piporro.com y sus conocidos “chats” con sus admiradores, era uno de los pocos veteranos artistas que podía ser considerado “global del globo”. Don Eulalio González no cabía en su asombro con la capacidad de esta nueva tecnología a la que dedicaba varias horas al día “navegando, como él mismo lo expresó, aunque él no haya diseñado su propia página, sino un estudiante de Baja California llamado Ernesto Sánchez Valenzuela. Muchos de sus admiradores que vivimos fuera de México, agradecimos profundamente esta incursión en el mundo virtual de don Eulalio, pues en su página se pueden escuchar canciones, leer reseñas y enviar mensajes, algunos de los cuales contestaba él mismo, pues se mantuvo activo hasta el final.

Nació en Los Herreras, Nuevo León y vivió en distintas ciudades fronterizas a lo largo de su vida. Fue un niño que se crió a la orilla de un río, pero ese río fue el Río Bravo y alguna vez llegó a pensar que si cruzaba ese río, la vida se acababa del otro lado, sin embargo cruzó y el resultado fue un gran aporte a la cultura popular mexicana, al retratar la realidad de los migrantes y su influencia en el norte de México en su particular estilo. Uno de los primeros artistas populares, después de Tin Tan, que incluyó la experiencia migratoria en sus canciones y sus películas, cuando la cultura centralista mexicana daba la espalda a esta innegable realidad.

Piporro nos contó la historia de Natalio Reyes Colás (o Nat King Cole), en una de las primeras canciones populares con tema migratorio. Natalio cruzó el río bravo, cambió su nombre y adquirió el gusto por el rock and roll, sin perder sus tradicionales polkas norteñas. También supimos de la insistente muchacha que quería “le ayudara en la pasada” al otro lado, en “Chulas Fronteras del Norte” canción emblemática de su obra musical.

Eulalio González se inició en el cine en los cincuentas, al lado de Pedro Infante en la película “Ahí viene Martín Corona” en la que hizo el papel de un viejito llamado “Piporro” cuando apenas tenía 28 años. De allí se le quedó el sobrenombre con el cual se hizo famoso. Su obra consta de más de cuarenta películas, entre ellas El Bracero del Año, Espaldas Mojadas, El Rey del Tomate, El Mariachi Desconocido o El Tragabalas, así como un sinnúmero de polkas, redobas, corridos y uno que otro rock and roll ranchero con su peculiar y jocoso estilo.

Decía que uno de los propósitos de sus intervenciones al cantar corridos populares fue la de “desmitificar al héroe que estos presentaban”. El Ojo de Vidrio, El Corrido de Agustín Jaimes, Rosita Alvírez y otras interpretaciones recibieron esta forma de enmarcación con sus vibrantes comentarios entre estrofas. Al final no quedaba otro remedio más que reírse a carcajada limpia, con la solemnidad de las trágicas letras del corrido y la lúdica presentación en voz de Piporro, de las posibles razones o consecuencias de la tragedia.

A mediados de los años noventa, pasada ya la época de sus mayores éxitos, la obra de El Piporro recobró relevancia en el discurso de la realidad de la cultura mexicana debido entre otras cosas a que se reconoció la importancia de la diversidad regional sobre la realidad demográfica y cultural del país. En esta época es cuando escribe su AutobiograÖjúa y su Anecdotaconario (nombre en honor a la canción de El Taconazo), obra en la que da cuenta de esta diversidad.

El grito de Ajúa, fue su marca de presentación desde el día en que no pudo alcanzar una nota para una canción y en lugar de parar gritó “Ajúa” para completar el tono. Este grito también se asocia con la personalidad abierta y sincera del norteño en la expresión de: °Arriba el NorteÖ.Ajúa!

Según el escritor mexicano Carlos Monsiváis, en la época que describe Piporro en su AutobiograÖjúa, se pensaba que México era una única nación y que nada era distinto de la cultura del centro, sin embargo las anécdotas, historias y refranes que contiene esta obra, desmienten este mito de unificación nacional en torno al centro.

La realidad es que México es étnica y culturalmente diverso y la figura arquetípica de El Piporro definió ciertas características de la personalidad y el habla norteñas, así como el constante intercambio con “el otro lado” de los habitantes fronterizos y de otros migrantes del país que pasaban por el norte de México hacia Estados Unidos. El Estilo verbal de El Piporro, sincero, festivo, plagado de refranes, irónico; matizó esta experiencia que compartió con nosotros de manera singular, entre taconazo y taconazo.

Antonieta Mercado es maestra en comunicación por la universidad Estatal de San Diego y en la actualidad es investigadora en la Universidad del Sur de California.

Comentarios

Un comentario a “El Piporro”
  1. julieta dice:

    I love piporro.

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