Dos malas y una buena en la carrera de Pedro Infante

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Por Eduardo Mejía

Pedro Infante cerró 1949 con dos de sus mejores cintas, La oveja negra y No desearás la mujer de tu hijo, sin que se le reconocieran sus méritos como actor, y en las ternas para el Ariel tomaron en cuenta a don Fernando Soler, pero ni a Infante ni a don Andrés Soler; sin embargo, el público manifestaba una curiosa afirmación: Infante era capaz de interpretar lo mismo a un ranchero, a un charro o a un citadino con eficacia; afirmación curiosa porque se supone que cualquier actor debe hacerlo, y no quedar encasillado, como ya lo estaba Jorge Negrete, como representante del cine de charros, o David Silva entre los capitalinos. No decían lo mismo del mucho más polifacético Andrés Soler, verosímil en cualquier papel que interpretara; eso habla de lo poco actores que eran los actores, porque aún ahora nos seguimos extrañando cuando vemos alguna de las raras cintas en las que Arturo de Córdova aparece como revolucionario, o Emilio Tuero como charro (en la muy curiosa El miedo llegó a Jalisco, que presupone que ante los machos de Jalisco, cualquier chilango es un cobarde).

En 1950 Infante estaba casi en la cumbre de su popularidad, aunque debajo de la de Jorge Negrete, quien en toda su carrera acaparaba las mejores marcas, los directores más apreciados, y los titulares de los periódicos; Infante había preferido la XEB a la XEW; estaba en Peerles y Negrete en la RCA, y los productores daban sueldos y privilegios a Negrete, quien a veces pedía participación y no salario en las cintas, mientras que a Infante lo conformaban con un auto, o una cantidad fija, se tratara de cine o de discos, o al menos ésa es la fama. Y para completar el año, filmó cinco películas, de las que trataremos aquí tres, y para la próxima dejaremos dos, una de las cuales es quizá la más compleja de toda su carrera.

Empezó el año filmando Sobre las olas, la segunda versión de la vida de Juventino Rosas, el músico injustamente conocido por el vals con ese nombre, y no por otras más complejas y cuando menos igual de bien hechas. “Sobre las olas” ha sido grabada en muchas épocas, por diferentes orquestas, y hasta hay una versión marca Rolling Stones, en un disco raro, Jamming with Edward, sin Keith Richard ni Brian Jones, pero con Nicky Hopkins y Ry Cooder (la pieza la llaman “The loveliest night of the year”, y se la atribuyen a Webster y Ross ñøno se supone que los apellidos no se traducen?).

En los años treinta René Cardona interpretó a Juventino Rosas, muerto a los 25 años en un viaje a Cuba, casi igual que Ignacio Rodríguez Galván, también en viaje a Cuba cuando apenas comenzaba a desarrollar sus muchas cualidades literarias.

La cinta de Infante, aunque está dirigida por Ismael Rodríguez, carece de la vitalidad que merecería la vitalidad de Infante, quien la mayoría de las veces se escapa del carácter sombrío del personaje, revestido de un halo trágico mezcla de la pobreza característica de todo artista del siglo XIX, y presintiendo su muerte demasiado prematura. A ratos parece que encarna a otro personaje, y que luego de golpear a Beatriz Aguirre comenzará a cantar “yo le pego a mi mujer, soy muy hombre”; Andrés Soler, en uno de los papeles en que intentaron encasillarlo, la del borrachín que en medio de la embriaguez tiene la suficiente lucidez para dar consejos que él no puede seguir, le quita dramatismo al argumento; tiene razón Emilio García Riera cuando afirma que cada vez que el cine mexicano aborda temas culturales (una novela célebre, la vida de un artista) se vuelve más solemne que de costumbre, como si la cultura fuera aburrida, paralizante; así, el momento más conocido de la cinta es cuando Infante, en medio de rumores en voz alta de que plagió algún vals vienés, y de que va a quedar en ridículo delante del presidente Porfirio Díaz, otra vez encarnado por Antonio R. Frausto, con gestos teatrales cierra de golpe la partitura y dirige con gestos “beethovenianos” (García Riera) apantallando a todos los asistentes a un baile presidencial. Infante encara a la orquesta como dicen los que no saben cómo debe dirigirse una pieza con tanto brío. No es de las mejores actuaciones de Pedro Infante, pero no fue su culpa.

Hay que acotar que en su discografía, Infante interpetó “Sobre las olas” con el agregado de una letra que originalmente no tenía, que es incoherente y cursi; fue interpretada en El gran Caruso, y usada por Alfred Hitchcok en Stage Fright (Desesperación, también de 1950; Guillermo del Toro no da el dato en su libro sobre Hitchcock; tampoco está en la ficha incluida en el libro de Truffaut).

También filmó Islas Marías, una de las dos cintas de Infante dirigidas por Emilio Fernández; la otra es Reportaje, todavía peor. No estaban hechos el uno para el otro. Islas Marías es una tragedia llevada sin ritmo por Fernández, quien cuenta mal una trama en la que Infante se sacrifica culpándose de un crimen cometido por su hermano el cadete Jaime Fernández; sacrificio inútil, porque Fernández comete suicidio, Infante es enviado a las islas Marías, y la madre, interpretada por Rosaura Revueltas que era muy poco mayor, cae en la miseria, pierde la vista, y sólo encuentra consuelo cuando Infante, liberado, la encuentra en la Basílica de Guadalupe; no sólo hay drama, sino sobreactuaciones, tremendismo, sordidez; Infante, al principio vital y simpático, parrandero y jugador, se vuelve sombrío y su gesto es de patetismo; Tito Junco y Rodolfo Acosta actúan mucho mejor, aunque ambos encasillados en sus papeles de rudos y torvos.

Fue una mala cinta, y no se presta para el lucimiento de las cada vez más sueltas facultades de Infante, desperdiciado.

No fue desperdiciado en una mucho mejor cinta, También de dolor se canta, una comedia ligera con mejor ritmo, bien actuada, y bendecida por la presencia de Óscar Pulido y de Vitola; fue la cuarta aparición de Irma Dorantes al lado de Infante, y tampoco fue la primera dama; por el contrario, actúa como la hermana picada por la araña de la actuación, y causante de los enredos en que se ve metido Infante, maestro de escuela, miope hasta la exageración, y con la única cualidad de cantar adecuadamente. La dirección es de René Cardona, quien a veces es excelente y a veces horrendo; ésta es una de sus mejores cintas, pese a las exageraciones de trama y de actuaciones de algunos de los participantes.

Gran parte de la agilidad de la cinta se debe a que hay una parodia no demasiado agresiva hacia el mundo del cine, que permite chotear a productores, directores, actores y público sin que nadie se llame a ofensa. Es curioso que en la trama, el aspirante involuntario a actor Pedro Infante sea rechazado, aunque en realidad quien actúa muy mal es Guillermina Grin, supuesta actriz a quien se le notan todas las órdenes del director, carece de naturalidad y lamentablemente su belleza no es la adecuada para el gusto de Infante; las mejores escenas son de choteo: José Muñoz, acusado de atacar a Dorantes porque interpreta su ensayo como una invitación atrevida; el diálogo entre Germán Valdés e Infante, que suena a albur pero no lo es; las imitaciones de Infante, sorprendentes, cantando a la manera de Tito Guízar y de Emilio Tuero, ciertamente caricaturizables, y el buen dúo con Pedro Vargas cantando “La negra noche”, agradable aunque por debajo de la del mismo Vargas con Jorge Negrete, buena combinación de barítono y tenor, y que posiblemente sea la mejor que se haya grabado en México.

Lo mejor es la irrupción de Infante en el set donde Miguel Morayta dirige una escena de Vagabunda, cuando cree real que Antonio Badú golpee a Leticia Palma.

Vitola, exagerada pero graciosa, y el siempre exagerado pero siempre gracioso Óscar Pulido, hacen de padres de Infante y Dorantes, y tienen escenas muy ágiles, muy divertidas, choteando también la fama que otorga la cultura popular; en una, en la que Infante comunica por escrito su cambio de nombre artístico, provoca una pelea porque Pulido se dice engañado y cornudo. Vitola y Pulido, aun con sus exageraciones, son los mejores de esta cinta agradable. Infante no hace verosímil su papel de apocado, pero no importa, porque se da por entendido que impera la exageración, tan bien llevada que la trama se hace ligera y aceptable.

Una escena en la que Infante derrota a otros cantantes prolongando un falsete hace creer que era mejor cantante de lo que fue; cuando silabea es muy superior a cuando prolonga las notas. Pero eso es otro asunto. erratas.com

Comentarios

Un comentario a “Dos malas y una buena en la carrera de Pedro Infante”
  1. lalo dice:

    excelente informacion gracias……

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